lunes, 28 de agosto de 2017

Dereck y Nina

Dereck era el chico más arisco que los de su edad conocían. Solía tener una expresión agria. Nina, en cambio, era bastante carismática y alegre. Ella solía perseguirle a todas partes, lo cual desquiciaba al chico. ¿Si tan sociable era, si tanto le gustaba la gente, por qué insistía tanto en él?
Un atardecer él se sentó en la playa a relajarse. Cómo no, ella apareció.
-¿Quieres dejar de perseguirme? Esto es acoso - El chico no fue capaz de aguantarle la mirada mientras le hablaba.
-¿Realmente te molesto?
-Bastante.
-Pues... qué pena.
-Seguirás haciéndolo, ¿cierto?
-Hasta que me hables con sinceridad, sí.
-¿Cómo?
-Te has planteado por qué te persigo tanto, ¿no? - Dereck asintió, esta vez, atreviéndose a retar las pupilas de la chica - Porque eres igual de falso que el resto, pero si he de escoger entre pasar el rato al lado de un lobo disfrazado de cordero o un cordero disfrazado de lobo, prefiero lo segundo. Te he visto hablar con los críos del colegio, la enfermera y hace poco, con el señor Tomás, que padece ceguera, y con ellos tu postura agresiva se desvanece. Eso me hace preguntarme cuándo eres más sincero, si cuando amenazas con morder o cuando tiendes la mano, y algo me dice que en realidad tu verdadero yo es bondadoso. No te preguntaré por qué pasas el día fingiendo ser un gruñón, no es asunto mío, pero tus comentarios de "chico borde" no me resultan desagradables. Más bien me provocan indiferencia- La chica permaneció impasible frente a la expresión de incomodidad de él. Dereck prefirió apartar sus ojos en dirección al mar. Tragó saliva y respondió:
-Eres estúpida. No te soporto... y haz lo que te plazca.
-¿Puedo quedarme a tu lado, pues?
-Lo que te plazca, he dicho.
Ese fue el inicio de una amistad sincera que duraría tanto como la historia es capaz de recordar.

"Título de la entrada"

Imaginemos por un momento que todos utilizásemos eso que llaman corazón. Que hiciéramos por regalar una pequeña sonrisa por las mañanas, un buenos días, tenderlos la mano en lugar de echar caras de asco, de vivir unidos. Pienso que es tan sencillo crear un mundo mejor y qué poquito esfuerzo hay en ello.

Vamos, universo.

Nye se levantó de un salto. Hacía buen día, especialmente en comparación a la tormenta de los anteriores. Se asomó a la ventana y se estiró. Con una sonrisilla picaresca que los niños tienen, soltó una risa sarcástica. El panorama era desolador. Todo estaba mal. El caos se había apoderado del lugar. Agonía, malestar, desconfianza, nihilismo... Casi lanzando un grito de guerra, Nye miró al cielo "¡Eh, universo! Venga, danos una dosis de tu generosidad, ¡lo necesitamos todos!". Y sosegadamente se fue a preparar el desayuno.

¿Enamorarte de alguien de tu sexo?

-¿Recuerdas el día que nos conocimos?
-No
-Llevabas el pelo corto, muy corto, como un chico.
-¿Sólo los chicos llevan el pelo corto?
-No, no quería decir eso… es decir… - Nat no miraba a Sam. Sam trataba de ser cuidadosa, nunca sabía lo que Nat pensaba y eso la tensaba. Tenía miedo a meter la pata a pesar de que su compañera nunca se quejaba de nada, sólo le formulaba preguntas cuando algo le resultaba incoherente. En realidad Sam se había propuesto varias veces dejar de ir a ver a Nat , pero al final volvía. Nat nunca la juzgaba ni reaccionaba a cualquier disparate que dijese y eso en cierto modo la hacía sentir bien. Sam no terminó la frase. Prefirió redirigir la conversación hacia algo que le preocupaba más.
-¿En qué piensas cuando me escuchas con la mirada perdida? – Sam se sentía nerviosa. Nat sonrió.
-En ti – Nat sorprendió a Sam cruzando sus miradas – En que me resultas muy adorable cuando te preocupas de los comentarios que haces, teniendo cuidado de no ofenderme a pesar de que eso es improbable que suceda. No pienso en otra cosa, me limito a escucharte. Me centro en tu voz, en tu selección de palabras que salen temblorosas hacia afuera, veo cómo gesticulas de reojo… En ti es en lo que pienso – El color escarlata se apoderó de las mejillas de Sam. Se sentía muy avergonzada por las palabras de su compañera. Nat retomó la charla sacando a Sam de ese silencio incómodo para ella.
-Sam, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro, dime.
-¿Alguna vez te has planteado… si podrías enamorarte de una mujer?
-¿Qué?

miércoles, 9 de agosto de 2017

Domingo

"Con esa cara de perro nunca harás amigos. Es normal que hayan creado el juego de Lady Denisa-Lady Desidia". En el fondo no le importaba yo. Lo que le preocupaba es que manchase nuestro apellido y eso le pasase factura a su popularidad. "Bueno querida, cada una tiene sus rumores, prefiero los míos a los tuyos, preciosa." Mi prima dejó de mirarse en el espejo para contemplarme a mí con su pintalabios aún en las manos. "¿Cómo? ¿De qué rumores hablas? ¿Qué dicen de mí? Si todo el mundo me adora. ¡Envidia es lo que tú tienes!". Solté una carcajada sarcástica y marché. "¿A dónde vas un domingo tan temprano?". Ella dio unos pasos hacia la puerta principal, hacia donde yo iba. "Lejos de ti." Repliqué. Di un portazo. El viento me acarició con ternura. Respiré. "Al fin domingo". A paso ligero inicié mi camino hacia el taller. El algodón del cielo amenazaba con lanzar gotas sobre los transeúntes que, advertidos por la televisión, iban protegidos por paraguas. A mí no me intimidaba el tiempo, así que ignoré los consejos meteorológicos. Subí la música de mi reproductor y sin percatarme tarareé las canciones que sonaban. Veinte metros más y habría llegado. Diez. Cinco. Llegué.  

-Buenos días, Armaggio. 

Como de costumbre miró hacia la puerta pero no respondió. Yo cogí mi silla, me senté a su lado y, sonriendo, me quedé observando al anciano forjar esas botellas de vidrio a mano. 

Me encantaban los domingos. 

viernes, 4 de agosto de 2017

Kerake

Cuando era adolescente era un torbellino de sueños, energía, valores e incomprensión. Recuerdo, y mis padres también, que conjuraba tener un hermano mayor. Entonces cumplí catorce. Conocí varias personas y entre ellas, apareció "mi hermano". 

Desde siempre he jugado a hacer listas de "cosas que hacer", "sueños que cumplir", "objetivos en mi vida"... Y en mi lista figuraba abrazar a "mi hermano", en todas ellas. A medida que crecía, me decía a mí misma que eso lo llevaría a cabo al cumplir la mayoría de edad. Por desgracia, llegaron mis veinte y todavía seguía sin haber cumplido ese objetivo. Sin ningún motivo aparente, hice una "lista básica" con aquello más sencillo que querría hacer, una especie de metas "simples" para asegurarme de cumplirlas: un concierto determinado y "mi hermano". 

Siete años después sigo queriéndote como lo hacía a los catorce y puedo decir que ha sido un verdadero placer poder tachar una de las dos cosas de la lista sencilla. 

Gracias, por las aguas pasadas, por las sonrisas presentes, por los recuerdos forjados, y por a día de hoy, ser el mismo chico magnífico que me ayudó a crecer con consejos y una ética que agradezco que me regalases.