Es un poco cursi... Pero supongo que es algo que necesitaba escribir. El cuento de mi monstruo interior. Quién sabe, puede que alguien también se identifique con él o le ayude a crear algún duendecillo.
Hacía tiempo que no me reencontraba con él: con mi monstruo interior. Esa especie de ogro azabache enorme de ojos escarlata. Ese parásito nacido de la Ira y la Tristeza al mismo tiempo. Un mal recuerdo del pasado lo volvió a despertar hace poco repletándolo de energía. Ese bicho, completamente vivaz, se dirigió donde siempre habían estado sus nutrientes en el salón de los Sentimientos: el tarro del Rencor, el tarro de la Melancolía, el tarro del Odio, el tarro del Miedo… ¡Gran sorpresa la suya! Los tarros están vacíos. No tiene de qué alimentarse. Mas su asombro no acaba ahí. Donde él antes residía, ahora vive una especie de duendecillo nacido de la Alegría el cual sí tiene alimento en sus tarros, tarros como el Cariño, la Compañía, la Calma, entre otros, todos llenos. Además, con desidia, ha tenido que soportar ver como ese ser repugnante para él había destrozado los preciosos cuadros que en su día pintó. El cuadro de la primera vez que un grupo de gente se rió de la humana en la que habitaba, la primera ruptura, una de las grandes discusiones con sus padres… El duende los había hecho pedazos con sus saltos, sus correteos y otros tipos de inquietud. En el salón hay una única cama, así que por ahora parece que va a tener que dormir en el suelo y esperar a que el cansancio lo vuelva a llevar de nuevo a la caja en la que vive encerrado. Sus diminutos secuaces, una especie de lagartijas seguirán yendo y viniendo de la torre de control haciendo su trabajo, pero a él le toca dormir. De todas formas bichillo, tómatelo con calma. Respeto tu presencia en mí y no tengo prisa en que te marches, algo que tarde o temprano sucederá.