jueves, 24 de enero de 2019

un escrito de 2016

Hoy tengo el día tonto. Tengo uno de esos días que lloras por cualquier cosa, que tienes el filtro teñido de gris, que la desgana se apodera de ti. Cabizbaja he salido de la facultad de ciencias. A mitad del camino, tonta de mí, he tomado la decisión de ponerme el abrigo y la bufanda porque ponérmela en el interior hubiera sido una idea descabellada. Entonces es cuando me doy cuenta de que, de nuevo, he perdido la bufanda. Retomo el camino andado y a mitad de éste me percato de que mi bufanda está encima de un muro. Otro rayo de ilusión. Otro pequeño detalle que me hace creer un mínimo en la gente. Alguien ha recogido mi bufanda, supongo que con la idea de que otras personas no la pisen. Puede que su intención fuera apartar un obstáculo del camino, pero como no lo sé, prefiero quedarme con la opción de que esa persona me ha hecho un favor intentando dejar mi objeto en un lugar un poco más adecuado que el suelo. Es justo lo que quiero creer.