Es importante recordar que ni los circuitos cerebrales ni las hormonas nos convierten en lo que somos, no crean nuestro yo, aunque el yo surge de la actividad del cerebro. Las hormonas nos hacen tender hacia cierta conducta, pero no necesariamente hacen que dicha conducta tenga lugar. El destino de la biología es como una base: tenemos circuitos cerebrales y una corteza que alberga todo tipo de pensamientos y reflexiones. Cada vez aprendemos más y esto repercute sobre nuestro sistema límbico, por ejemplo, y cuando las hormonas actúan con fuerza, nos predisponen a ciertas conductas. Nuestra corteza puede escoger cuál de estas conductas activar. Es decir, la biología no marca totalmente nuestro destino, pero sin duda nos predispone hacia ciertas conductas, pensamientos y sentimientos. -
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jueves, 31 de marzo de 2016
miércoles, 9 de marzo de 2016
Por terminar
La vida es un fenómeno maravilloso. Es algo fantástico repleto de sentimientos, emociones, recuerdos, experiencias, respuestas a estímulos. La motivación es como una catapulta de energía que te lanza al día y te permite moverte hacia donde tú quieras.
¿Y por qué todo esto aquí? ¿Por qué en una foto de los dos? Es muy simple. ¿De quién es que he aprendido a no tener miedo? ¿De quién es que he aprendido que no es necesario pensar para tomar decisiones? ¿De quién es que he aprendido que una misma realidad puede vivirse de mil maneras distintas? ¿A quién es que le agradezco haber aprendido por qué ser un bicho raro también es genial?
¿Y por qué todo esto aquí? ¿Por qué en una foto de los dos? Es muy simple. ¿De quién es que he aprendido a no tener miedo? ¿De quién es que he aprendido que no es necesario pensar para tomar decisiones? ¿De quién es que he aprendido que una misma realidad puede vivirse de mil maneras distintas? ¿A quién es que le agradezco haber aprendido por qué ser un bicho raro también es genial?
La noche que nos conocimos
Recuerdo aquella noche. Y sorprendentemente, tú también. Te vi en la fiesta. "Anda, es Aitor, voy a saludarle y a ver si me saca alguna sonrisilla que la noche parece apagada". Me acerqué a Enna y a ti. Enna me pidió una de estas etiquetitas-enganchinas para formar parejas y al encontrarlas ir a pedir el chupito. Me quedé un rato con vosotros y, como es normal, lo diste todo en la pista con tu jumpstyle y tus golpetazos a la gente que se te acerca a menos de un metro, lo cual hace que en realidad sea un deporte de riesgo bailar contigo. Yo te observaba hipnotizada. Recuerdo que te hice algún comentario sobre los manotazos y pisotones y lo ignoraste. Entre tanto, Enna desapareció y, tiempo después, descubriríamos que lo hizo a propósito. Salimos a la terraza. Hacía mucho frío y me prestaste tu chaleco. "¡No, que te congelarás!" Aunque... un chaleco y manga corta no te iban a proteger demasiado del frío. "Bah, no seas tonta, no tengo frío". Recuerdo que en ese momento me asustaba pensar que alguien pudiera pensar lo que no era. Que nos vieran demasiado cercanos. Qué paradójico,¿no?. Estuvimos hablando bastante rato y un año y dos meses después, recuerdo casi con detalles la conversación. Te sorprendió que al devolverte el chaleco para entrar, pareciera que esa pieza de ropa hubiera salido del congelador. "Niña, ¿qué le has hecho al chaleco? ¡Tengo la espalda helada!". Dentro decidí seguirte el rollo y despreocuparme de todo lo que me rodeaba. Sólo quería bailar, motivarme y no vigilar ni dónde pisaba. Aproximadamente a las cuatro largas, sin alcanzar a ser las cinco, te fuiste y en cuanto llegué a casa, charlamos un ratejo agradeciéndonos la compañía. Ese momento también fue divertido. Tratar de responder a quién acompañó quién en ese instante es como la paradoja de qué vino antes si el huevo o la gallina. Tras el amanecer, seguimos en contacto vía virtual con múltiples temas de conversación que adoptaban diversas formas impidiendo que hubiera en el diálogo un punto y final.
martes, 8 de marzo de 2016
Mi monstruo interior
Hacía tiempo que no me reencontraba con él: con mi monstruo
interior. Esa especie de ogro azabache enorme de ojos escarlata. Ese parásito
nacido de la Ira y la Tristeza al mismo tiempo. Un mal recuerdo del pasado lo
volvió a despertar hace poco repletándolo de energía. Ese bicho, completamente
vivaz, se dirigió donde siempre habían estado sus nutrientes en el salón de los
Sentimientos: el tarro del Rencor, el tarro de la Melancolía, el tarro del
Odio, el tarro del Miedo… ¡Gran sorpresa la suya! Los tarros están vacíos. No tiene
de qué alimentarse. Mas su asombro no acaba ahí. Donde él antes residía, ahora
vive una especie de duendecillo nacido de la Alegría el cual sí tiene alimento
en sus tarros, tarros como el Cariño, la Compañía, la Calma, entre otros, todos
llenos. Además, con desidia, ha tenido que soportar ver como ese ser repugnante
para él había destrozado los preciosos cuadros que en su día pintó. El cuadro
de la primera vez que un grupo de gente se rió de la humana en la que habitaba,
la primera ruptura, una de las grandes discusiones con sus padres… El duende
los había hecho pedazos con sus saltos, sus correteos y otros tipos de inquietud. En el salón hay
una única cama, así que por ahora parece que va a tener que dormir en el suelo
y esperar a que el cansancio lo vuelva a llevar de nuevo a la caja en la que
vive encerrado. Sus diminutos secuaces, una especies de lagartijas seguirán
yendo y viniendo de la torre de control haciendo su trabajo, pero a él le toca
dormir. De todas formas bichillo, tómatelo con calma. Respeto tu presencia en
mí y no tengo prisa en que te marches, algo que tarde o temprano sucederá.
domingo, 6 de marzo de 2016
carta a adagio
Siete de mayo de 3056
Comandante, le escribo esta carta por si en algún momento sucediese
cualquier percance en alguna de nuestra búsqueda de tesoros. Usted tiene
chronokinesis, por lo que si me fuese a ocurrir algún mal probablemente
retrocedería para ayudarme a evitar el peligro, hasta aquí estoy de acuerdo,
pero si por lo que fuera tomase la decisión de ir al punto de partida, volver
al día que nos conocimos, que ni se le pase por la cabeza bajo ninguna
circunstancia impedir que entrase a formar parte de la tripulación para
protegerme. Formar parte del dreamhunter
ha sido una experiencia que ha marcado mi vida y ha creado una Nébula nueva. Y
además querría añadir que... Tú has abierto una brecha en el espacio-tiempo de
mi vida, alterando las horas, minutos, segundo, convirtiendo un instante en
infinito, jugando con la velocidad, viviendo a otro ritmo que destroza el
compás de las agujas. Por eso mismo le pido comandante, por eso mismo te
prohibo Adagio, que alteres el pasado para evitar que sucedan tantos momentos
eternos.
Att. La actualmente grumete pero futura capitana porque lo lograré,
Nébula.
(Historia: Siete piratas del aire)
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