lunes, 28 de agosto de 2017
Vamos, universo.
Nye se levantó de un salto. Hacía buen día, especialmente en comparación a la tormenta de los anteriores. Se asomó a la ventana y se estiró. Con una sonrisilla picaresca que los niños tienen, soltó una risa sarcástica. El panorama era desolador. Todo estaba mal. El caos se había apoderado del lugar. Agonía, malestar, desconfianza, nihilismo... Casi lanzando un grito de guerra, Nye miró al cielo "¡Eh, universo! Venga, danos una dosis de tu generosidad, ¡lo necesitamos todos!". Y sosegadamente se fue a preparar el desayuno.
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