-¿Recuerdas el día que nos conocimos?
-No
-Llevabas el pelo corto, muy corto, como un chico.
-¿Sólo los chicos llevan el pelo corto?
-No, no quería decir eso… es decir… - Nat no miraba a Sam. Sam trataba de ser cuidadosa, nunca sabía lo que Nat pensaba y eso la tensaba. Tenía miedo a meter la pata a pesar de que su compañera nunca se quejaba de nada, sólo le formulaba preguntas cuando algo le resultaba incoherente. En realidad Sam se había propuesto varias veces dejar de ir a ver a Nat , pero al final volvía. Nat nunca la juzgaba ni reaccionaba a cualquier disparate que dijese y eso en cierto modo la hacía sentir bien. Sam no terminó la frase. Prefirió redirigir la conversación hacia algo que le preocupaba más.
-¿En qué piensas cuando me escuchas con la mirada perdida? – Sam se sentía nerviosa. Nat sonrió.
-En ti – Nat sorprendió a Sam cruzando sus miradas – En que me resultas muy adorable cuando te preocupas de los comentarios que haces, teniendo cuidado de no ofenderme a pesar de que eso es improbable que suceda. No pienso en otra cosa, me limito a escucharte. Me centro en tu voz, en tu selección de palabras que salen temblorosas hacia afuera, veo cómo gesticulas de reojo… En ti es en lo que pienso – El color escarlata se apoderó de las mejillas de Sam. Se sentía muy avergonzada por las palabras de su compañera. Nat retomó la charla sacando a Sam de ese silencio incómodo para ella.
-Sam, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro, dime.
-¿Alguna vez te has planteado… si podrías enamorarte de una mujer?
-¿Qué?
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