viernes, 4 de agosto de 2017

Kerake

Cuando era adolescente era un torbellino de sueños, energía, valores e incomprensión. Recuerdo, y mis padres también, que conjuraba tener un hermano mayor. Entonces cumplí catorce. Conocí varias personas y entre ellas, apareció "mi hermano". 

Desde siempre he jugado a hacer listas de "cosas que hacer", "sueños que cumplir", "objetivos en mi vida"... Y en mi lista figuraba abrazar a "mi hermano", en todas ellas. A medida que crecía, me decía a mí misma que eso lo llevaría a cabo al cumplir la mayoría de edad. Por desgracia, llegaron mis veinte y todavía seguía sin haber cumplido ese objetivo. Sin ningún motivo aparente, hice una "lista básica" con aquello más sencillo que querría hacer, una especie de metas "simples" para asegurarme de cumplirlas: un concierto determinado y "mi hermano". 

Siete años después sigo queriéndote como lo hacía a los catorce y puedo decir que ha sido un verdadero placer poder tachar una de las dos cosas de la lista sencilla. 

Gracias, por las aguas pasadas, por las sonrisas presentes, por los recuerdos forjados, y por a día de hoy, ser el mismo chico magnífico que me ayudó a crecer con consejos y una ética que agradezco que me regalases. 

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