jueves, 29 de enero de 2015

A cien pasos de la meta


Cien pasos para la meta. 

-¡Vamos Aerún! ¡Vamos que te quedas atrás! 
-¡Espera Silvestre! No puedo correr tan rápido... ¡Tú eres más grande y alto! 
-Vamos Aerún, no te excuses, si quisieras y te esforzaras, ahora mismo podrías ir muchos metros por delante de mí
-¡Pero si sólo soy una niña! ¡No puedo más!
-De nuevo excusándote, ¡así nunca ganarás la Cursa del Mar! 
-A mí no me interesa la cursa del mar, ¡Eres tú el obsesionado!
-Bueno, bueno... Quizás tienes razón, pero si algún día me pasara algo y no pudiera participar en la Cursa del Mar, ¿la harías por mí?
-Venga ya, te quedan un par de años para poder inscribirte, ¿qué podría pasarte? 


14 de agosto. 6.15 am.

No hace demasiado frío, tampoco demasiado calor. La humedad del mar acaricia mi piel fundiéndose con el sudor. A la velocidad que voy probablemente llegaré al cementerio en quince minutos. La primera vez que fui tardé mucho más. El sol tiene intención de saludar desde el cielo y el mar refleja su parsimonia. Algunos barcos asoman desde la distancia, otros ya se encuentran comerciando, un niño corre en dirección contraria a mí. El pequeño lleva una boina marrón que hace juego con su bufanda; una de sus manos agarra con fuerza un sobre amarillo. La sonrisa del niño brilla más que el sol. "¡Buenos días!". Tras cruzarnos ambos aumentamos la velocidad a sabiendas que no somos los únicos que dan su mayor esfuerzo para llegar a alguna parte con un fin. Ya empiezo a ver la puerta del cementerio. Me apresuro un poco más y la alcanzo. Está abierta pero no paso, me dejo caer. Me quedo tumbada, mirando el cielo, recuperando el aliento. Definitivamente está amaneciendo. Repito la conversación matutina que mantengo desde que empecé a correr: "Buenos días Silvestre, de nuevo aquí estamos  los dos corriendo, tú por el aire y yo por el suelo. Me pregunto si seguirás yendo aún esos metros por delante de mí,¿irás más ligero ahí arriba? Aunque siempre ha parecido que la gravedad no te afectase, siempre ha parecido que danzaras con el viento... ". 
Es hora de volver. Cojo aire de nuevo, expiro con fuerza y reanudo la marcha con mi casa como destino. ¡A correr!

22 de septiembre. 6.30 am.

"Hola Silvestre. A penas queda un poco más de un mes para la Cursa del Mar. En tres días comienza el periodo de inscripción. ¡Qué nervios! Más te vale que me apoyes desde dónde sea que estés. Voy a ganar Silvestre, vas a verme alzando el premio tan arriba que casi podrás tocarlo tú mismo..."

3 de noviembre. 6.30 am.

"Silvestre... Cof cof cof... Estoy inscrita pero tengo un gran constipado y mucha fiebre... Cof cof cof... De hecho he tenido que venir caminando porque al correr me ahogo, no sé si podré participar, sabes que desde siempre he tenido los bronquios muy sensibles".



12 de noviembre. 6.30 am.

"¡Buenos días Silvestre! ¡Tras mucho reposo, medicación y las buenas sopas de mi madre, ya estoy prácticamente de nuevo en el ruedo! Siento el drama que monté, espero no haberte preocupado demasiado. ¡¡Ya verás Silvestre, ahora entrenaré a tope y triunfaré!!


30 de noviembre. 6.30 am.

"Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseo Silvestre, cumpleaños...cumpleaños... Fe...liz. Lo siento. Sé que nunca te ha gustado verme llorar, pero... Feliz cumpleaños... Silvestre"


3 de diciembre. 6.30 am.

"Buenos días campeón, supongo que te dará rabia que siempre hablemos desde la puerta pero me prometí que hasta que no te trajera el trofeo no volvería a acercarme a tu tumba. ¡Queda una semana! En una semana volveré a entrar, te dejaré el trofeo y podrás descansar tranquilo"

10 de diciembre. 10.10 am. 

Los nervios me encogen el estómago. Mi familia me hace gestos desde la distancia como símbolo de apoyo. Algunos amigos se encuentran más cerca de la valla, "¡vamos Aerún!", no sabría decir si sus gritos me ayudan o me alteran más aún. Miro hacia los lados. La competición es general, no se divide en sexos aunque sí que es cierto que los premios se dividen en diferentes sexos, hay un primer premio para el ganador masculino y otro para el femenino. No me voy a conformar. Debo ser la primerísima de todos. Ganaré por Silvestre y por mí. Una mujer con megáfono nos anuncia que nos situemos en la línea de salida. A mi alrededor hay chicos fuertes y chicas en forma, ambos con unos gemelos que indican sus ganas de ganar. Reparo en mis piernas: menudas, débiles pero grandes luchadoras. La mujer que nos hizo colocar en el punto de partida nos hace señales, la carrera está a punto de empezar. Un silbido estridente dispara nuestra adrenalina, cientos de figuras iniciamos una danza hacia delante. Rostros conocidos que se encontraban detrás de mí me avanzan. Acelero. Todos aceleramos. El cielo brilla con un azul que acompaña nuestro estado de ánimo, el mar está tranquilo, hoy no hay comercio activo. Las gaviotas cantan acompañando los gritos del público. Corre, corre, corre. Poco a poco mi cabeza se inunda de recuerdos. 
"-¡Vamos Aerún! ¡Vamos que te quedas atrás! 
-¡Espera Silvestre! No puedo correr tan rápido... ¡Tú eres más grande y alto! 
-Vamos Aerún, no te excuses, si quisieras y te esforzaras, ahora mismo podrías ir muchos metros por delante de mí
-¡Pero si sólo soy una niña! ¡No puedo más!
-De nuevo excusándote, ¡así nunca ganarás la Cursa del Mar!"

"Tengo ganas de llorar... No quiero seguir corriendo." Mi respiración se entrecorta por unos sollozos que intentan emergir. "No puedo llorar, tengo que correr, tengo que ganar." 
A mi derecha una chica de aspecto frágil corre tropezándose con sus propios pies, se ahoga pero no cesa. Sus ojos también están empañados pero no creo que sea porque llore. ¿Por qué corre?
Muchas miradas de repente se dirigen a mí. Giro la cabeza para mirar hacia mi izquierda, no era a mí a quién miraban. Un chico lleva a sus espaldas a un crío pequeño, el crío del sobre amarillo con el que me crucé el otro día. El niño dio un grito desconcertante: "¡¿Tú también corres por Silvestre?! ¡¡Si es así avanza, que te estás quedando atrás!!". Mis ojos muestran mi asombro. Mis ganas de llorar han desaparecido. Un fuego reconfortante sube desde mi estómago. "Corre Aerún". Sonrío al niño y al jóven que lo lleva. Antes de aumentar mi ritmo vuelvo a mirar a la chica de aspecto débil para animarla también; "¡Vamos mujer, la meta está cerca!". Acelero. Sé que no ganaré, todos los deportistas que he visto al principio van por delante de mí a gran velocidad, pero corro lo más rápido que puedo. "Corre". Cuando a penas quedan cien pasos para la meta vuelvo a sorprenderme de nuevo. Todos los que iban por delante de mí están parados. Mirando hacia atrás, o mejor dicho mirándome a mí y esta vez no hay confusión posible. Uno se anima a explicarme lo que sucede...
-¡Corre Aerún, tienes que ganar! Has entrenado mucho para esto. ¡Tienes que ganar por Silvestre!- los otros le siguen el juego
-¡Vamos, que ya no eres aquella niña torpe! Demuéstralo a Silvestre
-¡Venga, vamos, o pasas ya o gano yo!
  Un sentimiento extraño me recorre el cuerpo, no sé si reír o llorar pero obedezco. Paso por delante de todos y ellos sonríen, animan, aplauden. Una cinta roja se encuentra a dos pasos de mí; miro al cielo, cierro los ojos y la atravieso. He ganado. Detrás de mí llegan los demás. 

Después de entregar los trofeos y medallas el primero de los "deportistas" cercanos a la meta que me empezó a animar se acerca a mí.  

-¡Muy bien campeona! Has logrado tu objetivo.
-He ganado la Cursa del Mar de Silvestre,sí.
-Venga ya, ¿no recuerdas por qué él estaba obsesionado con esta cursa?
Mmmmm... No.
Cuando eras muy pequeña siempre decías que querías correrla. Que querías ganar. Tu padre solía estar fuera por asuntos de comercios, pero siempre volvía cuando se acercaba la Cursa del Mar, no sé si de forma planificada o por casualidad, pero a ti te hacía ilusión y pensabas que era por la cursa, por eso siempre decías que algún día la correrías, porque sabías que él estaría entre el público apoyándote y Silvestre, tu vecino y gran amigo, se obsesionó con esa idea tuya, por eso insistía tanto en salir a correr contigo a medida que te ibas haciendo mayor -

No me lo esperaba para nada. Me he quedado en shock. El chico me observa esperando una respuesta y yo no sé qué decir o hacer. Me intento relajar para poder hablar.

-Por eso os habéis dejado ganar... Silvestre os lo pidió.
-No, no nos hemos dejado ganar, no nos llevabas tanta distancia y pasando tú primera la meta hemos ganado todos. Tú merecías ganar más que nadie, por tu valor, tu esfuerzo y tu empeño. Nosotros participamos cada año y más o menos siempre salen los mismos ganadores. Ya iba siendo hora de que alguien más especial que los cuatro fibrados de turno ganasen. 
-Pero he ganado gracias a Silvestre, no ha sido por mí misma. Yo no hubiera llegado a tiempo...
-No le des tantas vueltas, tonta. Habéis ganado los dos, Silvestre y tú. Cada uno por y para sí mismo. Tú has ganado para ti y él ha ganado contigo para él, así que no olvides ir a felicitarlo por la victoria. 

10 de diciembre. 19:54 pm.

"Hola Silvestre. Nuestro esfuerzo ha valido la pena. Tantas horas, tantos años, tantas mañanas y tardes y alguna que otra noche. Me han explicado la historia de porqué estabas tan empeñado en que hiciera la carrera pero la idea inicial era correrla contigo. Este trofeo sin ti está vacío, por eso te lo regalo. Si no puedo disfrutarlo contigo no lo quiero para nada. Si tu madre está de acuerdo lo pondremos en tu habitación. Me gustaría seguir contándote la experiencia pero sabes que ahora hay festín en el pueblo. Por cierto, mi padre me ha visto ganar así que has logrado tu objetivo por partida doble. Supongo que tras haber ganado no vendré a verte tan a menudo, encima empiezo el instituto y será complicado visitarte con tanta frecuencia, ¡estaré hasta el cuello de faena! Pero quiero que sepas que no porque no venga te voy a querer menos. Siempre serás mi gran vecino Silvestre, mi gran ídolo, mi mejor amigo, mi especial compañero de carreras".

 

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