miércoles, 1 de marzo de 2017
Ignorancia
La mayoría de cosas no las sabemos. Intuimos, hipotetizamos, imaginamos,
ignoramos... Pero a ciencia cierta, con seguridad y datos empíricos no
tenemos ni idea de casi nada. ¿Seremos lo suficientemente humildes como
para aceptar toda la ignorancia que padecemos?
domingo, 26 de febrero de 2017
Te entiendo.
"Te entiendo. Te entiendo porque mereces comprensión, porque te apoyo, porque todos merecemos que por lo menos, no nos traten de 'locos', porque por lo menos, merecemos ser entendidos. Es lo mínimo que puedo hacer por el mero hecho de ser persona yo y de que tú lo seas también."
Lynn.
domingo, 12 de febrero de 2017
Microcuento
Microcuento:
Ella usa converse rojas, él negras. Ambos desayunan café pigmentado con la misma marca de cereales pero el de ella es descafeinado, el de él, rebosa cafeína hasta la saciedad. Ella prefiere la radio de buena mañana, disfruta de M80, él enciende el televisor sin prestarle demasiada atención. La calle luce una preciosa primavera adornada de verdes, luz intensa y aromas frescos. Caminan por la avenida principal. Están a escasos metros de cruzarse. Finalmente, el momento llega, sus pupilas brillan con fuerza al encontrarse, ambos imaginan en un microsegundo una historia preciosa que podrían tener con esa persona, pero no, ninguno tiene el valor de dirigirse la palabra. Los dos continúan su recorrido con la intriga de quién será ese desconocido: su nombre, su historia, su futuro.
martes, 20 de diciembre de 2016
A letter to Knight
Día X/07/2015
Era un día cálido. Tú volvías de trabajar en Primark, yo de
Mataró. Coincidimos en la parada de bus de Sagrera a media tarde, parada que
compartiría más momentos con nosotros, pero en ese entonces lo desconocíamos.
Tu rostro me sonaba, te había visto antes, eras de mi pueblo. Oí un saludo y
por alguna extraña razón, me di por aludida, entonces me giré y te saludé
pensando que habías sido tú y que, al igual que yo, me habías reconocido como
una cara que aparece en el registro de “conocidos”. Empezamos a hablar y me
sugeriste si podías sentarte junto a mí; acepté. Por el camino hablamos de
varias cosas: qué estudiábamos, el carné de conducir y nuestras respectivas
aventuras con él, nuestros sueños… Y a mitad de camino lo hice, porque sería
extraño en mí que hubiese sido del revés: te dije que ya te conocía. Primero,
porque un día apareciste por una de las clases de filosofía que impartía Emilia
y ella te presentó como el valiente sujeto que se atrevió a estudiar Filosofía;
la segunda, porque yo coloqué en un árbol bien sentadito el peluche del
monstruo de las galletas. No comprendo cómo todavía tuviste el valor de
agregarme a Facebook tal soltarte esa locura. Cuando llegamos, me acompañaste
hasta el patio. Y no supimos nada del otro hasta 3 o 4 días después…
Día 27/7/2015
“K. te ha enviado una solicitud de amistad” - ¡Sí! ¡Genial! Suerte que lo
ha hecho él, quería seguir en contacto pero si lo llego a hacer yo, me tomaría por
una acosadora al completo.
23:05 “¡Hola!
¿Qué tal? J”
A raíz de
eso empezamos a tener más contacto. Esa noche echaban por la televisión la
película de “un lugar para soñar”, con ella aprendimos los 20 segundos de
valor. ¿Lo recuerdas?
Hablamos y
hablamos ~ Y empezaste a ser alguien muy importante en mi vida.
Comenzaron
también entonces los largos paseos por el pueblo hablando de todo y de nada, se
nos hacía tarde, a mi alrededor empezaron a conocer tu nombre y solíamos
despedirnos en la puerta de mi patio.
Me recuerdo
a mí misma partiéndome la caja en los pasillos de la universidad yo sola, con
el móvil y contigo al otro lado de éste.
Y… recuerdo un momento que para mí es mi gran momento
mágico.
Eran las fiestas del pueblo. La feria emitía luces de
colores y mucho escándalo, sin embargo, nosotros no nos sumamos a ese festival.
Desde la oscuridad de la noche y con la luna como linterna, para seguir con
nuestra costumbre, hablábamos suavemente en el lago. Estábamos sentados sobre una de las (para mí) heladas plataformas de madera. Esa
noche hablamos de música, películas y series. Y fuiste tú, caballero de la
noche, el que me hablaste del triplete: Big Fish, Amélie y Las posibles vidas
de Mr. Nobody, películas que me han marcado y me llevo conmigo. También me
hablaste del Nombre del Viento, autor del que sale mi querida Auri. Sigamos,
pero, con el relato. El ruido de fondo parecía atenuarse en una pequeña burbuja
de bienestar que creamos. Me sentía en calma y desde entonces siempre te declaré
como mi burbuja de paz, aquel “hogar” que aunque todo esté en caos a mi
alrededor, me sosiega para resguardarme.
Han pasado mil cosas más por el camino, muchos
momentos, muchas charlas e incluso
malentendidos y rifi-rafes y podría seguir con el relato, pero así está bien,
por lo menos, este en particular. (Igual un día le hago 2ª parte :P)
Siempre serás el haz de luz que me devuelva la calma y la
vida.
PD: En mi cuarto hay una frase que siempre está colgada en
el tablón y aunque cambie la seriedad del tablón para dedicarlo al trabajo o
sea más hippie para nutrirme de sueños, siempre seguirá ahí esto…
“-¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Tu forma de sonreírle a la vida”
Para mí es uno de los grandes regalos que me hiciste y lo recordaré siempre.
jueves, 15 de diciembre de 2016
Ave Fénix
Érase una vez una chica que quería volar y la criaron diciéndole que no podía... Maldita sea, si tenía unas hermosas alas color púrpura
Todos somos aves fénix que podemos renacer miles de veces. Sé que a ti te ha tocado hacerlo, (que por cierto, te agradezco que me confiases tu historia, y eso es lo que en parte nos hace fuertes o hábiles por lo menos. Bien señora ave de fuego con esa capacidad tan extraordinaria de emerger de sus cenizas, quería yo comentarle desde mi ramita, que es usted admirable... Es admirable tu valor y tus ganas de sonreírle a la vida. En su día te lo comenté, desde el día que te conocí ni un sólo instante te he dejado de ver con las comisuras de los labios hacia arriba dispuestas a enfrentarse a todo dignas de ser un modelo a seguir. ¡Qué eres un gran ejemplo a seguir como persona fuerte narices!
Lo siguiente que se me ocurrió decirte a los pocos días fue que agradecía que desde el primer instante creases a mi alrededor un ambiente hogareño. Soy una persona camaleónica que encaja en cualquier parte pero nunca tiene 'un sitio' y a tu lado consigo tener esa sensación: la sensación de paz, de hogar, de nido. Y me gusta, me encanta y lo disfruto de corazón.
¡Y lo tercero que recuerdo respecto a ti fue mi propia promesa! Me dije a mí misma que me esforzaría mucho en cuidar de ti, darte pequeñas sorpresas y dar fuerza a esas alas que baten enérgicamente impidiendo que les obstaculicen.
¡Nunca
Dejes
Que
Te
Digan o hagan sentir
Que
No
Puedes
Volar!
Att. Desde su ramita, la chica que soñaba con tener alas púrpura
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