Día X/07/2015
Era un día cálido. Tú volvías de trabajar en Primark, yo de
Mataró. Coincidimos en la parada de bus de Sagrera a media tarde, parada que
compartiría más momentos con nosotros, pero en ese entonces lo desconocíamos.
Tu rostro me sonaba, te había visto antes, eras de mi pueblo. Oí un saludo y
por alguna extraña razón, me di por aludida, entonces me giré y te saludé
pensando que habías sido tú y que, al igual que yo, me habías reconocido como
una cara que aparece en el registro de “conocidos”. Empezamos a hablar y me
sugeriste si podías sentarte junto a mí; acepté. Por el camino hablamos de
varias cosas: qué estudiábamos, el carné de conducir y nuestras respectivas
aventuras con él, nuestros sueños… Y a mitad de camino lo hice, porque sería
extraño en mí que hubiese sido del revés: te dije que ya te conocía. Primero,
porque un día apareciste por una de las clases de filosofía que impartía Emilia
y ella te presentó como el valiente sujeto que se atrevió a estudiar Filosofía;
la segunda, porque yo coloqué en un árbol bien sentadito el peluche del
monstruo de las galletas. No comprendo cómo todavía tuviste el valor de
agregarme a Facebook tal soltarte esa locura. Cuando llegamos, me acompañaste
hasta el patio. Y no supimos nada del otro hasta 3 o 4 días después…
Día 27/7/2015
“K. te ha enviado una solicitud de amistad” - ¡Sí! ¡Genial! Suerte que lo
ha hecho él, quería seguir en contacto pero si lo llego a hacer yo, me tomaría por
una acosadora al completo.
23:05 “¡Hola!
¿Qué tal? J”
A raíz de
eso empezamos a tener más contacto. Esa noche echaban por la televisión la
película de “un lugar para soñar”, con ella aprendimos los 20 segundos de
valor. ¿Lo recuerdas?
Hablamos y
hablamos ~ Y empezaste a ser alguien muy importante en mi vida.
Comenzaron
también entonces los largos paseos por el pueblo hablando de todo y de nada, se
nos hacía tarde, a mi alrededor empezaron a conocer tu nombre y solíamos
despedirnos en la puerta de mi patio.
Me recuerdo
a mí misma partiéndome la caja en los pasillos de la universidad yo sola, con
el móvil y contigo al otro lado de éste.
Y… recuerdo un momento que para mí es mi gran momento
mágico.
Eran las fiestas del pueblo. La feria emitía luces de
colores y mucho escándalo, sin embargo, nosotros no nos sumamos a ese festival.
Desde la oscuridad de la noche y con la luna como linterna, para seguir con
nuestra costumbre, hablábamos suavemente en el lago. Estábamos sentados sobre una de las (para mí) heladas plataformas de madera. Esa
noche hablamos de música, películas y series. Y fuiste tú, caballero de la
noche, el que me hablaste del triplete: Big Fish, Amélie y Las posibles vidas
de Mr. Nobody, películas que me han marcado y me llevo conmigo. También me
hablaste del Nombre del Viento, autor del que sale mi querida Auri. Sigamos,
pero, con el relato. El ruido de fondo parecía atenuarse en una pequeña burbuja
de bienestar que creamos. Me sentía en calma y desde entonces siempre te declaré
como mi burbuja de paz, aquel “hogar” que aunque todo esté en caos a mi
alrededor, me sosiega para resguardarme.
Han pasado mil cosas más por el camino, muchos
momentos, muchas charlas e incluso
malentendidos y rifi-rafes y podría seguir con el relato, pero así está bien,
por lo menos, este en particular. (Igual un día le hago 2ª parte :P)
Siempre serás el haz de luz que me devuelva la calma y la
vida.
PD: En mi cuarto hay una frase que siempre está colgada en
el tablón y aunque cambie la seriedad del tablón para dedicarlo al trabajo o
sea más hippie para nutrirme de sueños, siempre seguirá ahí esto…
“-¿Qué es lo que más te gusta de mí?
-Tu forma de sonreírle a la vida”
Para mí es uno de los grandes regalos que me hiciste y lo recordaré siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario