viernes, 29 de julio de 2016

Niños felices

La calle olía a flores debido a las sábanas limpias colgadas de las cuerdas que daban a la calle. Marcando un oleaje al unísono abrían paso a los niños que correteaban alegres con su nuevo balón dirigiéndose al descampado de las afueras. Los niños, adornados con ropajes castaños y camisas blancas, se lo iban pasando mientras emitían risas contagiosas y vitales. Cogían sus boinas con fuerza para no perderlas durante el trayecto. Los zapatos desgastados de piel o charol marcaban la diferencia entre clases, la cual poco importaba cuando volvían a casa bañados en barro y hierba. Por el camino si el panadero se encontraba alegre, les ofrecía una barra de pan para compartir, la anciana Marga, agua para que no se deshidratasen, y desde luego procuraban siempre parar a convencer a la chocolatera para que les diera su manjar favorito. Sucios, sudorosos, animados, con la adrenalina corriendo por sus venas, eran un solo grupo aun habiendo dos equipos.  No había ganadores o perdedores aunque un equipo marcase más que el otro. Sí sentían rabia, pero comprendían que en ocasiones se gana y en otras se pierde. Que un día la suerte juega a tu favor y otro día parece que prefiere dejarte en manos de la torpeza.  Pero siempre, siempre se lo pasaban bien. Siempre procuraban que el juego no pasase de ser un juego. Siempre se tendían la mano para mirar en la misma dirección. Siempre el valor de la amistad iba por delante. 

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