Tus labios,
quizá resecos, quizá húmedos. Tus ojos, como dos perlas brillantes con la
profunda pupila percibiendo toda la realidad que te envuelve y tu iris, esos
colores valientes y vivaces envueltos en el blanco que ahora debe de ser
escarlata. Tus manos, vibrantes, intranquilas, persiguiendo las lágrimas que te
brotan de los ojos tratando de escapar del dolor que llevas dentro. Tus
pómulos, deberían ser rosáceos en lugar de etéreos, deberían encontrarse
elevados en lugar de cabizbajos, deberían estar representando ese precioso
traje que te sienta genial: tu sonrisa. Tu rostro se está quejando. Tu ser
entero se compadece de ti. “¿Qué haces?” “¿Qué me haces?” “¿Por qué me haces
tanto daño?”
“Míralos. Mira a tu alrededor, a ellos no les
tratas así, a ellos no les apuñalas. ¿Por qué a mí sí?”
Tus uñas,
tus yemas. Se encuentra heridas.
Tu cuello,
los lóbulos de tus orejas, tu pelo. Un pelo largo, precioso, protector, un pelo
que te da abrigo en el invierno frío.
“¿Por qué?
¿Por qué tanto dolor?”
Tus
clavículas, tus pechos, tu vientre decorado con un ombligo, ombligo que te
recuerda que tu vida es un regalo que te han dado unas personas que te quieren
más que a ellos mismos.
“Quiéreme.
Yo te quiero, yo te trato bien. Te ayudo a moverte, te ayudo
a sentir el calor del sol a primera hora de la mañana”.
Tus caderas,
tu pubis, tus piernas.
“Te llevamos
donde quieres. Conoces el mundo gracias a nosotras. Por favor, quiérenos como
nosotras te queremos”.
Tus pies.
Esos pies
valerosos que te han hecho avanzar. Esos pies que te han sacado de tantos
apuros y te han estado acompañando desde que eras pequeñita.
Tu cuerpo
entero chirría cuando te haces daño. Tu cuerpo entero siente lo que tú sientes.
Tu ser tambalea junto a ti.
Eres un
precioso regalo del universo, tu cuerpo es un santuario y tú eres su
sacerdotisa. Tu cuerpo es un sistema complejo que no podría funcionar si fuera
distinto a cómo es. Tu mirada es única, como lo es tu tacto, tu perfume
natural, tu temperatura, tú.
Eres un
hermoso lirio que quiere ser rosa porque todo el mundo las compra. ¿Realmente
dejarías tus preciosos colores para ser una flor llena de espinas capaz de
herir? Y sobre todo, ¿dejarías de lado a esa persona tan especial que ha estado
contigo siempre… que eres tú misma?
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