Todas somos preciosas. Con nuestras hiperbólicas curvas, extrema delgadez genética o cinco o seis kilitos de más, con los mofletes rosados, morenos, pálidos o rebosantes de pecas. Con nuestro bello corporal completamente negro o rubio, discreto o llamativo. Todas somos hermosas porque somos únicas en el mundo, y hasta las más parecidas, son tremendamente diferentes.
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