lunes, 31 de marzo de 2014

Historia de zombies

Sus ojos negros se asemejaban a la noche más oscura que jamás hayáis podido imaginar; de sus labios cinabrios brotaba una sustancia amarillenta repulsiva y mal oliente que me provocaban arcadas y su piel se había tornado de color oliva. Mi hermano se había convertido en uno de esos seres asquerosos y a mí me tocaba matarlo o él sería el que acabase conmigo. Rápidamente metí la mano bajo la cama con la intención de coger un bate que ahí se localizaba, en el intento estuvo a punto de morderme un par de veces y para evitarlo tuve que pegarle un par de bofetones, al tocar su putrefacta piel las manos empezaron a escocerme, me iban a salir ampollas. Al alcanzar el bate  golpeé a mi hermano entre lágrimas, su cara empezó a desquebrajarse y de sus heridas surgía un líquido verde probablemente ácido. Pequeñas gotas de ese líquido cayeron sobre mi brazo y mi piel comenzó a deshacerse. Dolía y no pude evitar gritar. Mis alaridos resonaban por toda mi casa.   Al final conseguí hacer maniobras para girar a mi hermano a base de los impactos con mi arma y por fin pude lograr alcanzar la única manera de matar un zombie: destrozándole la nuca.

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