El hermano de Annêlise bromeó mucho por el
maquillaje de ésta. Annêlise nunca se maquillaba y un lunes más del calendario, un lunes con
nada de especial, lo hizo. En la calle ella no paraba de mirar a su alrededor,
buscando nerviosa algo, o puede que alguien. Llegó al instituto sin haber
logrado encontrar lo que le inquietaba. Esa misma tarde Annêlise no tenía
demasiada cosa que hacer, así que decidió tomarse un descanso y salir con las
compañeras a merendar a una cafetería.
Aunque no eran excesivamente cercanas a Annêlise, se estaba
divirtiendo. La tarde marchaba bien, hasta el momento en el que la joven decidió contemplar la calle a través de la
ventana y su corazón, sorprendido, empezó a latir con fuerza al ver a Shen en
la distancia pelear con otro chico. No pudo apartar la mirada y sus compañeras
se percataron de la ausencia de Annêlise y la imitaron. Todas bien quietas
observaron la pelea desde lejos, y una conversación incómoda para la
protagonista se inició.
-Son animales- dijo una chica rubia con desprecio.
-Son punks,¿qué esperabas? Míralos, me repugnan-
Annêlise inconscientemente se giró a mirarlas a ellas con rabia.
-No creo que todos sean así – Dijo, probando de
convencerse más a sí misma que a las demás–Seguro que hay un motivo para que
actúen así, probablemente uno haya empezado a meterse con el otro o algo así,
la gente no empieza pelear sin razón – Sonaba segura de sí misma, creía firmemente en sus palabras.
-¿Annêlise? No te reconozco chica, se nota que no
pasas mucho tiempo en la calle, esta gentuza es así, no tienen sentimientos
sólo piensan en divertirse y en pregonar quién es el más fuerte – Annêlise se
levantó con firmeza.
-Os demostraré que no es así, estoy segura de que
han iniciado la discusión por un motivo y que hay un culpable - Annêlise marchó nerviosa y asustada hacia donde
estaban los chicos riñando. A medida que se acercaba, su cobardía se incrementaba.
Tenía miedo. Las chicas, inmóviles, seguían sus pasos desde la cafetería. Annêlise
se armó de valor y se posó frente a los punks. Ellos actuaron haciendo
ver que no se habían advertido su presencia.
A Shen le sangraba el labio, al otro muchacho la nariz. Ambos se
encontraban con el rostro repleto de golpes y algunos morados. Sin explicarse
cómo lo hizo, Annêlise interfirió en su disputa intentándolos separar. Shen
frenó en seco. El otro chico empujó a Annêlise. La fémina cayó al suelo. Su
agresor y ella se examinaron. El desconocido rió. Miró a Shen y le hizo un
gesto el cual Annêlise identificó como un “ahora, a por ella”. El chico tenía
la intención de acercarse a la estudiante cuando el joven de la cresta lo cogió
del brazo.
-Basta ya, tío, dejémoslo. Hemos llegado muy lejos
y por eso ella ha intervenido, vamos, lárgate a casa y yo haré lo mismo – El chaval
obedeció con desdén, realizó un gesto facial con repugna y desapareció calle
abajo. Shen ofreció su mano a Annêlise. La chica la agarró sin objeción.
-Gracias Shen – El joven dio un pequeño respingo.
-¿Cómo sabes mi nombre? – Preguntó el chico
asombrado.
-Todos tenemos nuestras fuentes, tú también
conoces el mío – Annêlise exponía su placidez.
- Vaya, ¿me has estado investigando? Sí que te
debo interesar – El chico no apartaba sus ojos de ella. Ésta recordó que sus
compañeras la observaban desde la cafetería. No quería que rumoreasen así que explicó
a Shen su situación y le rogó encontrarse después en la tienda en la que se
conocieron, él aceptó y cada uno se dirigió al mismo sitio por diferentes
caminos.
Shen llegó antes, Annêlise lo encontró sentado en el peldaño. Ella se sentó a su lado.
-Han dicho cosas horribles de ti – Expuso Annêlise
-No me importa, estoy acostumbrado – Respondió él
-No entiendo por qué lo han hecho – La estudiante
ignoró el comentario del chico
-Ni yo por qué le sigues dando vueltas -
-Es obvio, ¿no?
Porque me ha molestado –Tras el comentario de Annêlise, Shen sonrió
- ¿Y eso a qué se debe? – Shen fijó sus ojos en
los de la chica. Sin saber la razón una sensación de paz la envolvió.
- Quién sabe – La mirada de esta bajó hasta posarse
en los labios del joven.
-Annêlise, no me conoces – El comentario hizo daño
a la chica,la cuál volvió a fijarse en su rostro.
-¿Y qué más necesito conocer? – Devolvió ofendida.
Shen se levantó de golpe y la agarró de la mano para ayudarla a levantarse.
-Antes de besarme deberás saber varias cosas de mí
– Sonrió
-¿¡Y por qué te iba yo a besar!? – La discreta
muchacha enrojeció. Shen soltó sus dedos
para no cohibirla más. Shen empezó a acelerar el paso.Cantaba. Su voz sonaba dulce a pesar de no
estar afinada. Sus brazos estaban a la altura de su cabeza, de manera que sus
manos formaban un cuenco en el que apoyar su cabeza. Al principio la chica iba
detrás, pero se adelantó para alcanzarlo.
-¡No me dejes detrás que parezco tu perro! –
Gruñó indignada. Él rió.
Shen la condujo a su tienda de discos favorita.
Estaba anticuada y era sencilla. También se veía oscura y la mayoría de discos
eran de rock o heavy. También figuraban algunos de blues, indie y otros
géneros. Shen cogió un disco y leyó la contraportada. “Greenday” leyó ella. Shen
reinició su concierto con canciones del CD.
A continuación la llevó por calles sencillas y
estrechas, llenas de balcones con flores, pintadas y niños jugando con muñecos
de trapo. “Son mis calles preferidas”, dijo él. Tras dar muchas vueltas,
acabaron en la cafetería en la que trabajaba JJ. Ella se detuvo a observar su
interior. Shen hizo lo mismo.
-Mira Shen – comenzó - ¿Ves al camarero de cresta
roja? Pues no sé si lo reconocerás pero es JJ. Fue quién me ayudó a conocer tu
nombre-
-Con qué mi delatador fue JJ – Shen mostró un
rostro pícaro – Tendré que ajustar cuentas con él - rió.
Al reanudar su paso Shen vio
la tienda de discos con nombre nórdico en la que Annêlise entró con su hermano
y suplicó a la chica de entrar. Al adentrarse el dependiente recordó a la chica
y señaló a Shen e hizo un gesto con las cejas consultando si él era el chico
que ella anduvo buscando. Annêlise afirmó con la cabeza y el empleado compartió
su alegría.
Sólo hizo falta un instante para que el pánico la
atacase de nuevo. Al observar el interior de la tienda Annêlise aprecio la
figura de su hermano y la chica salió de la tienda fugazmente sin poder
despedirse de Shen, el chico quedó atónito y fue tras ella, pero en cuanto
llegó a la calle ella se había esfumado como si de un espejismo se hubiera
tratado. Shen enfureció.
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