sábado, 7 de diciembre de 2013

Cap 3.




El hermano de Annêlise bromeó mucho por el maquillaje de ésta. Annêlise nunca se maquillaba  y un lunes más del calendario, un lunes con nada de especial, lo hizo. En la calle ella no paraba de mirar a su alrededor, buscando nerviosa algo, o puede que alguien. Llegó al instituto sin haber logrado encontrar lo que le inquietaba. Esa misma tarde Annêlise no tenía demasiada cosa que hacer, así que decidió tomarse un descanso y salir con las compañeras a merendar a una cafetería.  Aunque no eran excesivamente cercanas a Annêlise, se estaba divirtiendo.  La tarde marchaba bien, hasta el momento en el que la joven decidió contemplar la calle a través de la ventana y su corazón, sorprendido, empezó a latir con fuerza al ver a Shen en la distancia pelear con otro chico. No pudo apartar la mirada y sus compañeras se percataron de la ausencia de Annêlise y la imitaron. Todas bien quietas observaron la pelea desde lejos, y una conversación incómoda para la protagonista se inició.
-Son animales- dijo una chica rubia con desprecio.
-Son punks,¿qué esperabas? Míralos, me repugnan- Annêlise inconscientemente se giró a mirarlas a ellas con rabia.
-No creo que todos sean así – Dijo, probando de convencerse más a sí misma que a las demás–Seguro que hay un motivo para que actúen así, probablemente uno haya empezado a meterse con el otro o algo así, la gente no empieza pelear sin razón – Sonaba segura de sí misma, creía  firmemente en sus palabras.
-¿Annêlise? No te reconozco chica, se nota que no pasas mucho tiempo en la calle, esta gentuza es así, no tienen sentimientos sólo piensan en divertirse y en pregonar quién es el más fuerte – Annêlise se levantó con firmeza.
-Os demostraré que no es así, estoy segura de que han iniciado la discusión por un motivo y que hay un culpable -  Annêlise marchó nerviosa y asustada hacia donde estaban los chicos riñando. A medida que se acercaba, su cobardía se incrementaba. Tenía miedo. Las chicas, inmóviles, seguían sus pasos desde la cafetería. Annêlise se armó de valor y se posó frente a los punks. Ellos actuaron haciendo ver que no se habían advertido su presencia.  A Shen le sangraba el labio, al otro muchacho la nariz. Ambos se encontraban con el rostro repleto de golpes y algunos morados. Sin explicarse cómo lo hizo, Annêlise interfirió en su disputa intentándolos separar. Shen frenó en seco. El otro chico empujó a Annêlise. La fémina cayó al suelo. Su agresor y ella se examinaron. El desconocido rió. Miró a Shen y le hizo un gesto el cual Annêlise identificó como un “ahora, a por ella”. El chico tenía la intención de acercarse a la estudiante cuando el joven de la cresta lo cogió del brazo.
-Basta ya, tío, dejémoslo. Hemos llegado muy lejos y por eso ella ha intervenido, vamos, lárgate a casa y yo haré lo mismo – El chaval obedeció con desdén, realizó un gesto facial con repugna y desapareció calle abajo. Shen ofreció su mano a Annêlise. La chica la agarró sin objeción. 
-Gracias Shen – El joven dio un pequeño respingo.
-¿Cómo sabes mi nombre? – Preguntó el chico asombrado.
-Todos tenemos nuestras fuentes, tú también conoces el mío – Annêlise exponía su placidez.
- Vaya, ¿me has estado investigando? Sí que te debo interesar – El chico no apartaba sus ojos de ella. Ésta recordó que sus compañeras la observaban desde la cafetería. No quería que rumoreasen así que explicó a Shen su situación y le rogó encontrarse después en la tienda en la que se conocieron, él aceptó y cada uno se dirigió al mismo sitio por diferentes caminos.

Shen llegó antes, Annêlise lo encontró sentado en el peldaño. Ella se sentó a su lado.

-Han dicho cosas horribles de ti – Expuso Annêlise
-No me importa, estoy acostumbrado – Respondió él
-No entiendo por qué lo han hecho – La estudiante ignoró el comentario del chico
-Ni yo por qué le sigues dando vueltas -
 -Es obvio, ¿no? Porque me ha molestado –Tras el comentario de Annêlise, Shen sonrió
- ¿Y eso a qué se debe? – Shen fijó sus ojos en los de la chica. Sin saber la razón una sensación de paz la envolvió.
- Quién sabe – La mirada de esta bajó hasta posarse en los labios del joven.
-Annêlise, no me conoces – El comentario hizo daño a la chica,la cuál volvió a fijarse en su rostro.
-¿Y qué más necesito conocer? – Devolvió ofendida. Shen se levantó de golpe y la agarró de la mano para ayudarla a levantarse.
-Antes de besarme deberás saber varias cosas de mí – Sonrió
-¿¡Y por qué te iba yo a besar!? – La discreta muchacha enrojeció.  Shen soltó sus dedos para no cohibirla más. Shen empezó a acelerar el paso.Cantaba. Su voz sonaba dulce a pesar de no estar afinada. Sus brazos estaban a la altura de su cabeza, de manera que sus manos formaban un cuenco en el que apoyar su cabeza. Al principio la chica iba detrás, pero se adelantó para alcanzarlo.
-¡No me dejes detrás que parezco tu perro! – Gruñó indignada. Él rió.
Shen la condujo a su tienda de discos favorita. Estaba anticuada y era sencilla. También se veía oscura y la mayoría de discos eran de rock o heavy. También figuraban algunos de blues, indie y otros géneros. Shen cogió un disco y leyó la contraportada. “Greenday” leyó ella. Shen reinició su concierto con canciones del CD.
A continuación la llevó por calles sencillas y estrechas, llenas de balcones con flores, pintadas y niños jugando con muñecos de trapo. “Son mis calles preferidas”, dijo él. Tras dar muchas vueltas, acabaron en la cafetería en la que trabajaba JJ. Ella se detuvo a observar su interior. Shen hizo lo mismo.
-Mira Shen – comenzó - ¿Ves al camarero de cresta roja? Pues no sé si lo reconocerás pero es JJ. Fue quién me ayudó a conocer tu nombre-
-Con qué mi delatador fue JJ – Shen mostró un rostro pícaro – Tendré que ajustar cuentas con él - rió. 

Al reanudar su paso Shen vio la tienda de discos con nombre nórdico en la que Annêlise entró con su hermano y suplicó a la chica de entrar. Al adentrarse el dependiente recordó a la chica y señaló a Shen e hizo un gesto con las cejas consultando si él era el chico que ella anduvo buscando. Annêlise afirmó con la cabeza y el empleado compartió su alegría.
Sólo hizo falta un instante para que el pánico la atacase de nuevo. Al observar el interior de la tienda Annêlise aprecio la figura de su hermano y la chica salió de la tienda fugazmente sin poder despedirse de Shen, el chico quedó atónito y fue tras ella, pero en cuanto llegó a la calle ella se había esfumado como si de un espejismo se hubiera tratado. Shen enfureció.


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