viernes, 6 de marzo de 2020

Minicuento - El Artista del Bar

“Ella tiene por costumbre fumar sus pitillos delante de la ventana con ésta sin abrir y me encuentro a mí mismo dudoso de si dejarme llevar por el impulso de pasar por delante del ventanal invadido por la nostalgia. Maldita debilidad. No sé si quiere verme, ni si yo quiero tampoco. Cuando estoy a punto de llegar a su casa, doy un gran suspiro, freno en seco, pero reanudo el paso.
Nos hemos hecho tanto daño. No concibo en qué momento llegamos a este punto. Me planto delante de la casa.
Está en la ventana. Cruzamos las miradas, aún cargadas de magnetismo. Pierdo la noción del tiempo, desconozco si son segundos o minutos. Ella acaba por cerrar la cortina. ...Y aquí sigo, querido público. Como un loco tocando en el bar donde nos conocimos, esperando reencontrarla, poder charlar, que acceda a un último café. En fin, que empiece el espectáculo.”
Él cantaba con toda su capacidad pulmonar acompañado por la guitarra acústica. Se dejaba llevar por la canción, con los ojos cerrados y el corazón deshecho en el pecho.
Es en ese preciso instante, sin que nadie lo apreciase, fue cuando ella entró en el bar.
(Canción de fondo: Forever and Always - bullet for my valentine en acústico)

lunes, 4 de noviembre de 2019

"Y reconocer la importancia de lo instintivo nos va a costar porque, aunque ya no pensamos que el hombre es el centro del universo, todavía seguimos pensando que estamos muy lejos de los animales y que somos capaces de controlar conscientemente casi toda nuestra conducta y poco espacio dejamos para lo instintivo y lo inconsciente. Los avances en Psicología nos muestran cada día con más fuerza lo equivocados que estamos. " (Parte de los apuntes de Atención y Percepción, prof. J.Moix)

jueves, 27 de junio de 2019

Parches

No he cerrado episodios que tenía que cerrar... por eso no puedo avanzar.
Pongo parches para ir tirando pero el problema está aún ahí.
O igual reviven en verano, cuando pasó todo.
Igual  estoy  hecha de parches y tengo que deconstruirme para empezar de cero... empezar de nuevo, otra vez.

Quizá por eso tantas dudas, quizá por eso tanta inseguridad, para iniciar un ciclo hay que cerrar el anterior y yo no sé qué he estado haciendo.
O puede que sí.
Igual he estado desconectada,
igual he estado lejos de mí,
igual por eso me he echado tanto de menos,
porque para evitar todo el dolor de ese ciclo,
me cerré y encerré.
Y me fui de mí,
Volé lejos,
pero lo dejé todo por hacer.
Las cosas no evolucionaron,
Se estancaron, se congelaron,
me esperaron...
Y aquí están.
Esperando que con calma, lágrimas y dulzura,
las coloque en su lugar.
Las historias no terminan cuando les pones punto y final,
sino cuando de corazón las dejas marchar.
No puedes apresurarte ni forzarte a iniciar un nuevo capítulo,
porque uno va detrás del otro.
Para que uno comience, el otro debe ser acabado de escribir.
A medias, seguirá ahí, paralizado y sin cerrar para que lo puedas terminar.

jueves, 24 de enero de 2019

un escrito de 2016

Hoy tengo el día tonto. Tengo uno de esos días que lloras por cualquier cosa, que tienes el filtro teñido de gris, que la desgana se apodera de ti. Cabizbaja he salido de la facultad de ciencias. A mitad del camino, tonta de mí, he tomado la decisión de ponerme el abrigo y la bufanda porque ponérmela en el interior hubiera sido una idea descabellada. Entonces es cuando me doy cuenta de que, de nuevo, he perdido la bufanda. Retomo el camino andado y a mitad de éste me percato de que mi bufanda está encima de un muro. Otro rayo de ilusión. Otro pequeño detalle que me hace creer un mínimo en la gente. Alguien ha recogido mi bufanda, supongo que con la idea de que otras personas no la pisen. Puede que su intención fuera apartar un obstáculo del camino, pero como no lo sé, prefiero quedarme con la opción de que esa persona me ha hecho un favor intentando dejar mi objeto en un lugar un poco más adecuado que el suelo. Es justo lo que quiero creer.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Un robot humano

Las lágrimas brotaron de sus ojos como hacía tiempo que no brotaban. Por fin la sensación de humanidad, de estar viva, volvió a su piel. Había vivido un tiempo en automático, como un robot insensible que tiene una rutina establecida. Una sensación de vacío era dueña de ella. Necesitaba algo, una dosis de nostalgia, de pasado, un pinchazo de sentimientos, un recordatorio a su corazón de que alguna vez había sentido, de que éste bombardeaba emociones. A veces necesitamos volver un paso atrás para recuperar aquello que se nos cayó para poder seguir adelante.
(Gracias.)

La Chica Chanel de la montaña

Se respiraba aire puro. Era complicado volver a empezar, pero a Leire siempre le gustaron los retos. Cambiar el ajetreo de la ciudad, donde siempre andaba corriendo con un café en mano, por un pueblo tranquilo, en el cual apenas llegaba el transporte público y el olor característico era el de la naturaleza. La media de edad de los habitantes del lugar debía ser avanzada, había pocos indicios de juventud. “Pero Leire, tú siempre has sido muy Chica Chanel, ¿qué se te ha perdido a ti ahí, en un pueblo perdido del monte?”. Leire observó su tienda de diseños propios con orgullo. ¿Qué se me ha perdido aquí?, supongo que nada, por eso es un buen lugar para empezar. 

Como tejer la vida

Hoy es un buen día.
Es ese día que no pasa gran cosa pero que por un instante te sientas, desayunas tu café con leche (sin lactosa) y meditas. Respiras, suspiras y piensas en ti, en tu alrededor y tus problemas. Y empiezas a mover hilos. Miras tu vida, representémosla como un tapiz que está siendo construido y ves dónde te atascaste. No entiendo demasiado sobre la producción de textiles, pero diría que cuando ocurre uno (o varios) enredo/s, has de coger una especie de peine o algo así y desenredar, lo arreglas, lo pones en orden y sigues tejiendo. Tu tapiz sigue avanzando y te sientes orgullose de haber conseguido superar ese enredo que te ha dado problemas y poco a poco, tejes con calma de nuevo.