Todo empieza con un montón de hilos que se enredan entre sí. Uno por aquí, otro por allá se entrelazan, cruzan y pierden los unos con los otros.
A veces una persona puede tener la sensación de que se pierde entre tanto nudo, que no sabe por dónde empezar ni mucho menos por dónde terminar el ovillo. Pero sólo hace falta un empujoncito, un microsegundo de paciencia ,para descubrir cómo adentrarse en ese laberinto, ponerle orden, trenzar con manos de sibilina, crear cual artista, darle un soplido de magia al ovillo y éste acabará tomando la forma y estructura que deseamos, el que cada uno y una aspira. Somos tejedores de destinos, tenemos el ovillo en nuestras manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario