Corría. Era veloz pero no lo suficiente, la estaban alcanzando. Sus
enemigos tropezaban con las raíces de los árboles, para ella el bosque era su
casa por lo que tenía el lugar controlado. Pronunció unas palabras y los
árboles empezaron a moverse, las ramas atraparon a algunos de sus enemigos pero
dos seguían en pie y le iban pisando los talones. Nébula bebió una pócima de un
tubo de ensayo y volvió a pronunciar las mismas palabras que había
exteriorizado previamente. Los árboles reiteraron el procedimiento y
consiguieron dar caza a otro de los enemigos, sin embargo, uno todavía
proseguía su carrera hacia la chica. Él era más rápido. En cinco zancadas, la
alcanzó. La cogió por la muñeca. Ante este gesto, Nébula forcejeó. Pelearon
ligeramente cuando ella percibió que una flecha atravesaba su adversario. No le
hizo falta pensar mucho ni verlo; Yoake había vuelto.
-Ha pasado tiempo – pronunció ella sonriendo - ¿Cómo ha ido
tu viaje?
-Bien, para todos los peligros que podría haberme encontrado de camino
a Japón, ha estado bien – Yoake parecía cansado y tenía un aspecto depauperado.
-Dame un abrazo, anda- propuso Nébula.
Yoake bajó de la rama en la que se encontraba y se acercó con calidez
a la chica. Él había tenido que marchar unos años atrás a realizar un largo
viaje. Traía muchas historias y aventuras que explicar: había conocido unos
mercenarios hindúes, águilas adiestradas para robarle a ricos, castores capaces
de hablar, conoció al maestro Jing Hang – famoso por sus artes marciales y
finalmente explicó la gran hazaña que lo había llevado al reino asiático: el
lazo de dragones. Yoake venía de un linaje conocido por poder entablar amistad
con dragones mediante rituales danzantes y tribales.
-Me alegro de que hayas disfrutado de la experiencia, Nakama – respondió
Nébula con ternura.
-Ha sido un gran aprendizaje. Los vínculos con dragones es el mejor
acontecimiento que le puede ocurrir a alguien de mi familia. Es muy importante
para nosotros.
Tras haber explicado su aventura Yoake, era el turno de Nébula.
-Bueno… Nuestro reencuentro ha sido un tanto peculiar. Te
agradezco muchísimo el hecho de que me hayas salvado de esos tipos. Me hubieran
matado.
-No me des las gracias por eso, Nébula, ¡que ni se te pase por la
cabeza! ¿¡Cómo no iba a ayudarte!? ¡Mucho más en esa situación! Que parece que
no nos conozcamos– Yoake era así, generoso y amable por naturaleza, sencillo
desde siempre.
-Tú mismo lo has dicho: “que parece que no nos conozcamos”. Siempre te
voy a agradecer cualquier gesto que hagas, Yo’.
-Bueno, Neb, cuéntame, qué te traes entre manos y te juegas la vida en
ello.
-Bien, ¿has oído hablar del Vívirum?
-Sí. He oído hablar muchas veces de ello, es como una especie de
fuente de la eterna juventud o algo así.
-Van por ahí los tiros. El Vívirum se obtiene de la sangre de un
Khijarijn, un ser prácticamente legendario primo hermano de los dragones. Es el
último de su especie y son muchos los que lo persiguen para conseguir su sangre
y con ello una vida prolongada en el tiempo, hablamos de miles de años. Mi
deber como guardiana de los bosques es protegerlo, por eso me dan caza, saben
que mientras yo viva no les permitiré cumplir su objetivo. Primero porque no
quiero que maten al Khijarijn, a continuación porque no quiero que seres
egoístas y destructivos vivan tanto tiempo. Que mueran cuando su naturaleza, su
especie, lo decida.
Yoake estaba muy concienciado con los ecosistemas, el equilibrio y la
vida. Creía en la naturaleza y la madre tierra, al igual que la chica, por ello
estaba dispuesto a ayudarla.
-No me parece buena idea, Yo’, es peligrosísimo.
-Como si fuera la primera vez que me arriesgo, me gustan los retos,
Neb.
-No seré yo la que te ponga en situaciones de amenaza.
-Iré. Hace muchos años que nos conocemos y si afirmas con tanta
seguridad que puedes perder mucho en esta nueva misión, te acompaño. No me la
voy a jugar a que fallezcas.
-Siempre has sido tozudo, no insistiré. Si es lo que crees que has de
hacer, no me queda otro remedio que aceptarlo.
Yoake y Nébula emprendieron su nuevo viaje hacia la Montaña de
Zehistire, el hogar de Khijarijn. Por el camino se enfrentaron a múltiples
enemigos. Nébula mostró su perplejidad ante los nuevos aprendizajes exhibidos de
Yoake. Ascendiendo una montaña cercana a Zehistire, hubo un momento de tensión.
Subían por un camino ya existente, era estrecho y pegado a la pared. Nébula
resbaló y estuvo a punto de caer, Yoake, hábil en reflejos, la cogió del brazo.
El rostro de ella mostraba preocupación a diferencia de los de él que
reflejaban confianza. La subió de nuevo y continuaron la marcha.
-Viejo amigo, nunca tus ojos azul-verdosos me habían parecido tan
exageradamente bellos como hace un momento. Te debo la vida.
-He oído tantas veces tu última expresión. Gracias por lo de los ojos.
-Y… bueno, agradezco tu presencia aquí conmigo
-De nada – Yoake había parado para responder. Humildad era la palabra
más adecuada para describir ese muchacho.
Durmieron bajo las estrellas, se alimentaban mediante frutos
silvestres y algún animal que conseguían cazar, afilaban sus armas con rocas y
reían, reían mucho.
Aproximadamente dos semanas después llegaron a la Montaña de
Zehistire, su destino.
No habían conseguido empezar a ascender que de repente fueron atacados
por un grupo de saqueadores. Eran unos veinte. Con gestos y un par de palabras se
indicaron contra quiénes lucharían cada uno, diez y diez. Nébula utilizaba sus
zarpas, lucha cuerpo a cuerpo y un par de conjuros mágicos. Yoake también usó el
ataque directo y realizó algunos hechizos. Rápidamente se deshicieron de ellos
y prosiguieron su camino. Fueron muchos
los adversarios que se encontraron mientras avanzaban. A Yoake le sangraba el
brazo, Nébula tenía heridas en el costado que tenían mala pinta. Ambos se
encontraban bastante exhaustos, pero no podían parar. Debían llegar. Si eran tantos
los rivales con los que habían topado, era fácil imaginar la gran cantidad que
habría en la cima, tratando de cazar al Khijarijn.
Cuando llegaron, Nébula bebió una pócima y realizó un conjuro sanador.
Ambos se sentaron en un círculo mientras sentían el calor que provenía de sus
heridas cicatrizando.
Efectivamente, lo intuido se hizo cierto. El Khijarijn corría peligro.
Centenares de humanos, ogros, brujos y otros lo tenían atado tratando de
sacarle su sangre. Por suerte, nuestros protagonistas no estaban solos. Muchos
elfos, duendes, hadas y otros seres guardianes de la naturaleza libraban batallas
con los engendros egoístas. El panorama, de todos modos, resultaba desolador.
Los brujos utilizaban hechizos que mataban a los seres de la naturaleza con la
misma facilidad con la que cuesta soplar.
El Khijarijn restaba moribundo a su vez. Tenía mala pinta.
Yoake enervó. Gritó de rabia. Siempre le había resultado odioso que
los “malos”, los seres crueles y viles salieran ganando. Nébula corrió hacia el
Khijarijn. Por el camino se libraba como podía de sus
enemigos. El chico empezó a susurrar unas palabras concentrado. Tenía los ojos
cerrados y a su alrededor un suave viento lo envolvía. Cuando Yoake abrió los
ojos, los tenía en blanco y brillantes. Su pupila era inexistente. Yoake
exclamó al cielo: “GÉMINIS”. El cielo se cubrió de nubes, una tormenta
repentina sorprendió a todos los seres, aunque a nadie le resultó extraño pues
dieron por hecho que era obra de un brujo. Ambos bandos residían asustados al
desconocer quién era el obrador de tal conjuro. Un chillido desgarrador
paralizó toda la guerra. Sólo Khijarijn se movió inquieto frente a ese sonido. Khijarijn
respondió con otro alarido parecido. Del cielo volvió a escucharse otro rugido
similar al anterior al que Khijarijn contestó de nuevo. De entre las nubes
asomó un dragón enorme, de un tamaño similar al de Khijarijn. El dragón se
aproximó a la tierra. Los seres de la naturaleza corrieron en dirección
contraria al ser legendario, imaginaban que el animal ígneo lo iba a liberar.
Algunos enemigos cobardes los imitaron, el resto, idiotas, trataron de luchar
contra Géminis el dragón. Géminis les lanzó llamaradas de fuego. Nébula hizo
una señal a Yoake indicándole su agradecimiento. ¿Quién iba a haber llamado al
dragón sino él? Khijarijn fue liberado por el dragón. El legendario atacó a
aquellos que le habían herido. Venganza. Justicia.
Los seres del bosque se reunieron todos para curarse los unos a los
otros y celebrar su victoria. Nuestros protagonistas se apartaron para hablar
en privado.
-Yoake, mil, millones de gracias. Sin ti hubiéramos estado perdidos. Hubiera
habido más bajas y no quiero imaginarme si hubiéramos conseguido ganar.
-Nébula, no me tienes que agradecer nada. Yo estoy feliz porque hemos
ganado y con eso me doy más que por satisfecho.
-Dime, ¿podemos hacer algo por ti? ¿Ayudarte en algo? ¿Darte alguna
recompensa?
-Pues ahora que lo dices… sí. Tú podrías ayudarme en algo. Llevo
tiempo pensando en encontrar el gran tesoro que se encuentra en la Grand Line.
Sé que eres un ser de bosque, pero, ¿qué te parecería navegar? Tus artes de
sanación podrían serme útiles.
-¿¡Estás loco!? ¿La Grand Line?
-Pues iré solo, no tengo ningún problema.
-¡¡Qué te crees tú que te voy a permitir ir solo!! ¿Cuándo partimos,
compañero?
Y así fue como nuestros protagonistas emprendieron una nueva aventura,
esta vez cruzando los mares.
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