sábado, 22 de octubre de 2016

Y decidiste hacerlo mal

Pudiste hacerlo bien y decidiste hacerlo mal. No era tan complicado, yo me esforcé hasta el final, hice todo lo que pude, lo hice todo lo bien que supe. ¿Y tú? Encima tienes la poca vergüenza de decirme que no te esforzabas porque yo lo hacía mal. ¿Pero qué narices te has creído? Yo lo hice todo lo bien que pude y si no lo hice perfecto fue porque no supe. No merezco que me quieran a medias. No merezco que me quieran como premio. No merezco que me traten de forma deficiente. Merezco que se esfuercen por mí lo que yo me esfuerzo, que se arriesgan a tomar mis retos, que vayan a fondo por mí, porque yo cuando amo, amo desde el corazón, amo de forma irracional, amo con todos mis recursos, amo demasiado. Eso, desde luego, no me volverá a suceder. No amaré a nadie más que a mí y no amaré al que no me ame como yo merezco ser amada.

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