Me presento:
Me llamo Cristina y tengo 19 años, que no son ni pocos, ni muchos.
Soy una
chica alegre, vital, torpe, irritante, apasionada, ingenua, crédula, apañada,
lista, trabajadora, creativa y rara.
Y… sobretodo
soy una niña que quiere crecer. No
quiero tener quince años eternamente. Dejadme crecer y ayudadme a hacerlo.
Ya no soy una niña, soy un poco más mayor. Aún
me queda mucho por aprender, pero vosotros no podéis enseñarme mucho más, lo
que me queda lo he de aprender del mundo utilizando los medios que vosotros me
habéis enseñado. Y lo que necesito no
son unos guardaespaldas que están todo el día vigilándome, hay peligro pero no
tanto. Lo que necesito son unos “héroes” que me quieran, que me apoyen, que me
escuchen y que me digan que todo saldrá bien.
Papá, mamá,
entiendo que no vivimos aislados del mundo. Que vivimos en sociedad y que las
personas nos influyen, pero ellas no son quienes marcan tu vida. No son las que
tienen que dirigir tus pasos, sólo moldearlos y si fuera necesario.
Como os he
dicho antes, yo soy rara. Vosotros
sois los primeros que sabéis que sufrí marginación, que me cuesta encajar con
la gente, que me siento diferente… Pero es que no es malo ser diferente.
Tampoco es bueno. Es simplemente una realidad. Soy diferente, y hay gente que
me valora y me quiere así, y quizás es cierto que a veces siento que chirrío
con la gente, pero no por ello me van a dejar sola. No me digáis que sea
normal, no lo intentéis porque me duele más que me digáis que sea lo que no soy
al rechazo que pueda sufrir por parte de la gente. Quiero ser yo. Quiero ser
esta chica original que se disfraza en Halloween y que hace mezclas raras con
la ropa. No importa si otros se ríen de mí, porque por una persona que se ría,
dos me miran fascinadas… Pero no me rechacéis. Me da miedo que seáis vosotros
los que me rechacéis. Por eso no os conté lo de Adri. Sabía que no lo entenderíais. Que os enfadaríais.
Que gritaríais “que nunca más entra un chico a esta casa”. Y no me importa.
Puedo ver a los próximos chicos en la calle, pero no podéis impedir que me
enamore. Podéis encerrarme en la habitación, podéis castigarme sin ver el
exterior, pero no eternamente. La calle sigue ahí y ahí seguirá, llena de
gente, gente que opina. Unos dicen A, otros B… Y siempre “haré las cosas mal”.
Porque si dices A se enfadarán unos y si dices B, los otros. Lo importante es
que uno se sienta cómodo y a gusto con su propia decisión. ¿Qué es más
importante, que diga A y yo sea feliz, o B y lo sean todos menos yo?
Papá, mamá,
lo más importante para vosotros, para nosotros, para mí, para ellos, para cada
persona que habita en la Tierra es la felicidad. Sólo voy a vivir una vez y
quiero ser feliz. Sé que tengo responsabilidades y más o menos las voy
llevando. Estoy estudiando una carrera, trabajo y gano unos casi cincuenta
euros a la semana con los que puedo salir, comprar cosas y tener una mínima
independencia, por lo menos para las cosas pequeñas.
¿Por qué no
os cuento todo? ¿Por qué he empezado a mentir? ¿Por qué os oculto cosas? Pues
porque quiero vivir.
La vida está
hecha de experiencias y no me las quiero perder. He pasado unos 5 o 6 años de
mi vida queriendo ver el mundo y el único modo de hacerlo han sido mediante
videojuegos y la ventana de mi habitación. Quiero explorar, quiero viajar,
quiero visitar, quiero aprender y quiero cometer errores.
Papá , mamá,
no podéis impedir que cometa errores. De hecho los quiero cometer y los DEBO
cometer y aprender de ellos.
Quiero
equivocarme, quiero intentar hacer las cosas y que me salgan mal. Quiero
arriesgarme a conocer, a sentir, a llorar… y a reír. Porque vivir implica
sufrir… pero también disfrutar.
¿Sabéis? Es
cierto que he roto con Adri, pero me he quedado con lo bueno y él también. El
jueves fuimos al CAM como amigos y demostramos que podemos serlo. El sábado,
volviendo del tren, vi a sus padres y me saludaron de pasada. No hay de que
alarmarse, todo está bien. No montéis dramas. Nadie ha resultado malherido.
Todo está bien, papá, todo está bien, mamá. Todos estamos bien. ¿Y vosotros?
¿Cómo estáis?
Cierto es
que no os lo pregunto mucho… Pero es que tampoco me lo queréis contar. “La niña
no tiene porqué saberlo”. La niña tiene ideales, tiene una forma de pensar,
tiene opinión y la puede dar. La niña reflexiona y de hecho se le da bien ver
las cosas con diferentes puntos de vista. La niña sabe cuándo hace las cosas
mal y cuándo no. La niña sabe cuándo no debería haber hecho un comentario y por
eso muchas veces se disculpa por ello…
Y me
disculpo. Lo siento mucho. Quizás no soy la hija perfecta pero soy como puedo
ser y no sé ser de otra manera. Hago las cosas lo mejor que puedo y con
esfuerzo. Últimamente me he balanceado pero, como os he dicho, me da mucho
miedo vuestro rechazo. Sois probablemente lo más importante de mi vida. Me da
miedo que me juzguéis, que me critiquéis, que… que no queráis verme, yo que sé
de dónde sale tanto miedo, pero es una lástima que una hija tenga miedo de sus
propios padres. Especialmente una chica que le gusta compartir todo lo que piensa
y siente, que no tiene tapujos a la hora de explicar las cosas y que
habitualmente no suele tener secretos.
De hecho, os
contaré algo. He conocido a alguien muy especial. Es otro loco de la vida como
yo. Somos prácticamente iguales. También hace esos juegos raros que yo hago, ve
la vida de colores, es vital y diferente,
y tiene tanta imaginación como yo.
No os lo voy
a presentar, no nombraré su nombre por ahora. Quizás este chico es mi siguiente
golpe. Quizás las cosas no salen tan
bien como yo creo. Pero lo quiero intentar, me la juego. No saldré aún con él
pero quiero estar a su lado y APRENDER. Él tiene muchas cosas que enseñarme.
Para empezar, después de la bronca de ayer hice miles de planes para escaparme
e ir de fiesta o desaparecer todo el domingo sin que supierais donde estoy o no
volver a hablaros en mucho tiempo o… Miles de planes. Quizás ninguno se llevaba a cabo, pero en el
caso de caer en la obediencia de nuevo, tampoco me veríais sonreír a menudo. No
he nacido para cumplir las normas. He nacido para seguir lo que mis
sentimientos me dicen y tropezar (Soy torpe,¿recordáis). Y creedme, soy lo
suficientemente inteligente a nivel emocional para no querer que nadie sufra y
mucho menos mis padres. Este chico fue el que me dijo “Cristina, para, son tus
padres, son personas. Intenta hablar con ellos, a la larga, lo entenderán”. Y todos esos planes
estúpidos y de adolescente cabreada se esfumaron. Con él era con quién hablaba
anoche por teléfono, mamá. Y a él fui a quién fui a ver el sábado, no hubieron
compañeras de la uni, ni pizza. Hubo una ilusa enamorada de otro iluso y una
hamburguesa del McDonald’s.
A
continuación os voy a pedir algo… Dejadme imaginar. Si os digo que quiero ser
novelista, no me digáis que deje de soñar u os riais de mí. Apoyadme incluso en
las cosas más inútiles y estúpidas, porque esas son las que me hacen más feliz.
Las tonterías que hago con papel, las cartas, los juegos, mis historias… Todo
eso es mi fuente de vida. Para vosotros lo es vuestra rutina; para mí, mi
magia. No intentéis quitar la magia de mi vida porque os llevaréis todo lo que
soy. No soy como vosotros, papá y mamá. Y no voy a pedir que me intentéis
entender, porque muy a menudo ni yo misma lo hago, pero sí que apoyéis mis
decisiones. Porque va siendo hora de tomarlas y hacerme cargo de las
consecuencias.
Papá, mamá,
los problemas no son el fin del mundo. Todos tenemos problemas y todos los vamos a tener. Ayer, hoy y
mañana. No podéis protegerme de todos los problemas y especialmente, no podéis
protegerme de mis propias sombras, nadie puede, salvo yo, pero al menos no las
alimentéis. Es decir, yo tengo el sentimiento de culpabilidad muy alto, no hace
falta que me machaquéis mucho las cosas. Las entiendo. Entiendo que lo hago mal
y busco la manera de poder rectificar. ¡PERO ES QUE NOS LO MONTAMOS MU’ MAL!
Como dice el “chico iluso”: hablando se entiende la gente. Si os pasa algo
conmigo decídmelo claro y sólo las veces que hagan falta HASTA que lo entienda,
no más. Y me aplico el mismo cuento. Además… Me gustaría recordaros que las
cosas no son sólo blanco o negro. Existe el gris y tiene muchos
matices. Utilicemos esos grises para vivir.
Papá, mamá,
no tengáis tanto miedo de lo que me pueda pasar. De que me estrelle… Quizás
esas hostias las necesito. Y sino, siempre me puedo levantar. No tengáis miedo, yo soy tonta pero curiosa y
me acabo dando cuenta de muchas cosas a base de indagar en el asunto. Y no soy
de hielo. También voy viendo lo que puede salir bien o mal, también voy
sintiendo por la vida. Y me duele más dudar sobre algo y quedarme con la ganas
de probar, que estrellarme después. Al
fin y al cabo, dicen que habitualmente los ancianos antes de morir declaran
arrepentirse más de lo que NO han hecho que de lo que SÍ. Así que… a probar. Yo
os recomiendo que probéis. Yo pienso hacerlo. Y por cierto, le comenté a mi
psicóloga que “voy cuesta abajo y sin frenos” y ella me respondió “que no me
preocupase, que llevo airbags”. Estaré bien.
Finalmente,
os prometo que cuidaré de mí, y que seguiré dejando que lo hagáis, siempre y
cuando lo hagamos todos a piñón. Es decir, cuidad de mí a NUESTRA manera, no a
la vuestra. Contad conmigo, dejadme
hablar, escuchadme. Hagámoslo juntos que para eso somos una familia. Confiad
en mí, papá y mamá. Dadme oportunidades. Y quizás en muchas fracase pero en
otras daré justo en el clavo.
Dicho todo
esto os dejo tomar una decisión.
¿Queréis
dejarme participar en vuestras vidas y que os permita participar en la mía? Lo
cual implica explicaros mis cosas y que podáis interferir
o…
¿Qué ni yo
pueda participar en la vuestra ni vosotros en la mía?
Decidáis lo
que decidáis, vuestra hija Cristina os va a apoyar en TODO, de forma casi
INCONDICIONAL, ETERNA y con cariño, a mi manera, claro.
Os quiero,
porque sois mis padres y porque sois de las personas más importantes de mi
vida.
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