sábado, 2 de mayo de 2015

Querido papá, querida mamá



Me presento: Me llamo Cristina y tengo 19 años, que no son ni pocos, ni muchos.
Soy una chica alegre, vital, torpe, irritante, apasionada, ingenua, crédula, apañada, lista, trabajadora, creativa y rara.
Y… sobretodo soy una niña que quiere crecer.  No quiero tener quince años eternamente. Dejadme crecer y ayudadme a hacerlo.
Ya  no soy una niña, soy un poco más mayor. Aún me queda mucho por aprender, pero vosotros no podéis enseñarme mucho más, lo que me queda lo he de aprender del mundo utilizando los medios que vosotros me habéis enseñado.  Y lo que necesito no son unos guardaespaldas que están todo el día vigilándome, hay peligro pero no tanto. Lo que necesito son unos “héroes” que me quieran, que me apoyen, que me escuchen y que me digan que todo saldrá bien.
Papá, mamá, entiendo que no vivimos aislados del mundo. Que vivimos en sociedad y que las personas nos influyen, pero ellas no son quienes marcan tu vida. No son las que tienen que dirigir tus pasos, sólo moldearlos y si fuera necesario.
Como os he dicho antes, yo soy rara. Vosotros sois los primeros que sabéis que sufrí marginación, que me cuesta encajar con la gente, que me siento diferente… Pero es que no es malo ser diferente. Tampoco es bueno. Es simplemente una realidad. Soy diferente, y hay gente que me valora y me quiere así, y quizás es cierto que a veces siento que chirrío con la gente, pero no por ello me van a dejar sola. No me digáis que sea normal, no lo intentéis porque me duele más que me digáis que sea lo que no soy al rechazo que pueda sufrir por parte de la gente. Quiero ser yo. Quiero ser esta chica original que se disfraza en Halloween y que hace mezclas raras con la ropa. No importa si otros se ríen de mí, porque por una persona que se ría, dos me miran fascinadas… Pero no me rechacéis. Me da miedo que seáis vosotros los que me rechacéis. Por eso no os conté lo de Adri. Sabía  que no lo entenderíais. Que os enfadaríais. Que gritaríais “que nunca más entra un chico a esta casa”. Y no me importa. Puedo ver a los próximos chicos en la calle, pero no podéis impedir que me enamore. Podéis encerrarme en la habitación, podéis castigarme sin ver el exterior, pero no eternamente. La calle sigue ahí y ahí seguirá, llena de gente, gente que opina. Unos dicen A, otros B… Y siempre “haré las cosas mal”. Porque si dices A se enfadarán unos y si dices B, los otros. Lo importante es que uno se sienta cómodo y a gusto con su propia decisión. ¿Qué es más importante, que diga A y yo sea feliz, o B y lo sean todos menos yo?
Papá, mamá, lo más importante para vosotros, para nosotros, para mí, para ellos, para cada persona que habita en la Tierra es la felicidad. Sólo voy a vivir una vez y quiero ser feliz. Sé que tengo responsabilidades y más o menos las voy llevando. Estoy estudiando una carrera, trabajo y gano unos casi cincuenta euros a la semana con los que puedo salir, comprar cosas y tener una mínima independencia, por lo menos para las cosas pequeñas.
¿Por qué no os cuento todo? ¿Por qué he empezado a mentir? ¿Por qué os oculto cosas? Pues porque quiero vivir.
La vida está hecha de experiencias y no me las quiero perder. He pasado unos 5 o 6 años de mi vida queriendo ver el mundo y el único modo de hacerlo han sido mediante videojuegos y la ventana de mi habitación. Quiero explorar, quiero viajar, quiero visitar, quiero aprender y quiero cometer errores.
Papá , mamá, no podéis impedir que cometa errores. De hecho los quiero cometer y los DEBO cometer y aprender de ellos.
Quiero equivocarme, quiero intentar hacer las cosas y que me salgan mal. Quiero arriesgarme a conocer, a sentir, a llorar… y a reír. Porque vivir implica sufrir… pero también disfrutar.
¿Sabéis? Es cierto que he roto con Adri, pero me he quedado con lo bueno y él también. El jueves fuimos al CAM como amigos y demostramos que podemos serlo. El sábado, volviendo del tren, vi a sus padres y me saludaron de pasada. No hay de que alarmarse, todo está bien. No montéis dramas. Nadie ha resultado malherido. Todo está bien, papá, todo está bien, mamá. Todos estamos bien. ¿Y vosotros? ¿Cómo estáis?
Cierto es que no os lo pregunto mucho… Pero es que tampoco me lo queréis contar. “La niña no tiene porqué saberlo”. La niña tiene ideales, tiene una forma de pensar, tiene opinión y la puede dar. La niña reflexiona y de hecho se le da bien ver las cosas con diferentes puntos de vista. La niña sabe cuándo hace las cosas mal y cuándo no. La niña sabe cuándo no debería haber hecho un comentario y por eso muchas veces se disculpa por ello…
Y me disculpo. Lo siento mucho. Quizás no soy la hija perfecta pero soy como puedo ser y no sé ser de otra manera. Hago las cosas lo mejor que puedo y con esfuerzo. Últimamente me he balanceado pero, como os he dicho, me da mucho miedo vuestro rechazo. Sois probablemente lo más importante de mi vida. Me da miedo que me juzguéis, que me critiquéis, que… que no queráis verme, yo que sé de dónde sale tanto miedo, pero es una lástima que una hija tenga miedo de sus propios padres. Especialmente una chica que le gusta compartir todo lo que piensa y siente, que no tiene tapujos a la hora de explicar las cosas y que habitualmente no suele tener secretos.
De hecho, os contaré algo. He conocido a alguien muy especial. Es otro loco de la vida como yo. Somos prácticamente iguales. También hace esos juegos raros que yo hago, ve la vida de colores, es vital y diferente, y tiene tanta imaginación como yo.
No os lo voy a presentar, no nombraré su nombre por ahora. Quizás este chico es mi siguiente golpe. Quizás las cosas no salen tan bien como yo creo. Pero lo quiero intentar, me la juego. No saldré aún con él pero quiero estar a su lado y APRENDER. Él tiene muchas cosas que enseñarme. Para empezar, después de la bronca de ayer hice miles de planes para escaparme e ir de fiesta o desaparecer todo el domingo sin que supierais donde estoy o no volver a hablaros en mucho tiempo o… Miles de planes.  Quizás ninguno se llevaba a cabo, pero en el caso de caer en la obediencia de nuevo, tampoco me veríais sonreír a menudo. No he nacido para cumplir las normas. He nacido para seguir lo que mis sentimientos me dicen y tropezar (Soy torpe,¿recordáis). Y creedme, soy lo suficientemente inteligente a nivel emocional para no querer que nadie sufra y mucho menos mis padres. Este chico fue el que me dijo “Cristina, para, son tus padres, son personas. Intenta hablar con ellos, a la larga, lo entenderán”. Y todos esos planes estúpidos y de adolescente cabreada se esfumaron. Con él era con quién hablaba anoche por teléfono, mamá. Y a él fui a quién fui a ver el sábado, no hubieron compañeras de la uni, ni pizza. Hubo una ilusa enamorada de otro iluso y una hamburguesa del McDonald’s.
A continuación os voy a pedir algo… Dejadme imaginar. Si os digo que quiero ser novelista, no me digáis que deje de soñar u os riais de mí. Apoyadme incluso en las cosas más inútiles y estúpidas, porque esas son las que me hacen más feliz. Las tonterías que hago con papel, las cartas, los juegos, mis historias… Todo eso es mi fuente de vida. Para vosotros lo es vuestra rutina; para mí, mi magia. No intentéis quitar la magia de mi vida porque os llevaréis todo lo que soy. No soy como vosotros, papá y mamá. Y no voy a pedir que me intentéis entender, porque muy a menudo ni yo misma lo hago, pero sí que apoyéis mis decisiones. Porque va siendo hora de tomarlas y hacerme cargo de las consecuencias.
Papá, mamá, los problemas no son el fin del mundo. Todos tenemos problemas  y todos los vamos a tener. Ayer, hoy y mañana. No podéis protegerme de todos los problemas y especialmente, no podéis protegerme de mis propias sombras, nadie puede, salvo yo, pero al menos no las alimentéis. Es decir, yo tengo el sentimiento de culpabilidad muy alto, no hace falta que me machaquéis mucho las cosas. Las entiendo. Entiendo que lo hago mal y busco la manera de poder rectificar. ¡PERO ES QUE NOS LO MONTAMOS MU’ MAL! Como dice el “chico iluso”: hablando se entiende la gente. Si os pasa algo conmigo decídmelo claro y sólo las veces que hagan falta HASTA que lo entienda, no más. Y me aplico el mismo cuento. Además… Me gustaría recordaros que las cosas no son sólo blanco o negro. Existe el gris y tiene muchos matices. Utilicemos esos grises para vivir.
Papá, mamá, no tengáis tanto miedo de lo que me pueda pasar. De que me estrelle… Quizás esas hostias las necesito. Y sino, siempre me puedo levantar.  No tengáis miedo, yo soy tonta pero curiosa y me acabo dando cuenta de muchas cosas a base de indagar en el asunto. Y no soy de hielo. También voy viendo lo que puede salir bien o mal, también voy sintiendo por la vida. Y me duele más dudar sobre algo y quedarme con la ganas de probar, que estrellarme después.  Al fin y al cabo, dicen que habitualmente los ancianos antes de morir declaran arrepentirse más de lo que NO han hecho que de lo que SÍ. Así que… a probar. Yo os recomiendo que probéis. Yo pienso hacerlo. Y por cierto, le comenté a mi psicóloga que “voy cuesta abajo y sin frenos” y ella me respondió “que no me preocupase, que llevo airbags”. Estaré bien.
Finalmente, os prometo que cuidaré de mí, y que seguiré dejando que lo hagáis, siempre y cuando lo hagamos todos a piñón. Es decir, cuidad de mí a NUESTRA manera, no a la vuestra. Contad conmigo, dejadme  hablar, escuchadme. Hagámoslo juntos que para eso somos una familia. Confiad en mí, papá y mamá. Dadme oportunidades. Y quizás en muchas fracase pero en otras daré justo en el clavo.
Dicho todo esto os dejo tomar una decisión.
¿Queréis dejarme participar en vuestras vidas y que os permita participar en la mía? Lo cual implica explicaros mis cosas y que podáis interferir
o…
¿Qué ni yo pueda participar en la vuestra ni vosotros en la mía?
Decidáis lo que decidáis, vuestra hija Cristina os va a apoyar en TODO, de forma casi INCONDICIONAL, ETERNA y con cariño, a mi manera, claro.
Os quiero, porque sois mis padres y porque sois de las personas más importantes de mi vida.

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