Porque los problemas de la vida no están hechos para contarlos con los dedos de las manos, sino con los de los pies. Porque a veces las cosas son más bonitas vistas del revés, porque quizás las sorpresas más extraordinarias se encuentran en la propia rutina. Porque un día te levantas y resulta que eso que tanto te preocupaba, se va con solo soplar. Porque por una almendra te salga amarga, no implica que todas vayan a ser iguales y el caso de las almendras se puede aplicar a las pipas, los cacahuetes y pistachos. Porque la vida no es ni rosa ni gris, ¡qué aburrido si sólo existieran dos colores! Y si no te convence el color, cambia de matiz o de pincel o de todo a la vez. Y si el tren se escapa, siempre viene otro detrás. ¡Cuánta prisa por correr y alcanzarlo! ¡Qué manía siempre con mirar el reloj! Cuanta gente con complejo de conejo... Y lo peor: yo entre ese montón.
Es posible que no cada día haya situaciones de esas que coges con ilusión, pero precisamente por eso, es porque las cuatro que tienes que destacan, se vuelven más especiales.
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